Testimonio | Los 13 años de mi padre como prisionero político palestino


“Fui sentenciado por siete vidas, más diez años y pensé que la prisión de Nafha sería mi tumba. Afortunadamente no me quedé tanto tiempo, y fui liberado para casarme con tu madre y traerte a esta vida”, dice mi padre, Ismail Abusalama.

Shahd Abusalama, cuyo padre estuvo por 13 años preso en una cárcel israelí, agrega que “me cuesta entender esta subestimación de una experiencia inconcebible para la mayoría. Tenía 19 años cuando fue arrestado y pasó 13 años en el sistema penitenciario israelí antes de ser liberado en 1985. Trece años no es “tanto tiempo” comparado con su sentencia original, que fue suspendida como parte de un acuerdo para intercambiar prisioneros palestinos e israelíes”.

“No recuerdo que mi padre haya mostrado nunca arrepentimiento o pena por los años que le robaron. Él cree que es la base de sus sólidos principios, su fuerte carácter, sus amistades íntimas y su visión emancipadora de la vida. Siempre he estado orgullosa de ser su hija y siempre lo estaré. Es un revolucionario, y como refugiado palestino, el pensamiento revolucionario ha sido una parte orgánica de su educación”, relata Shahd.

Ismail Abusalama nación en el seno de una familia desposeída de Beit Jerja, cuatro años después de la limpieza étnica de Palestina por parte de Israel en 1948, denominado Nakba (Catástrofe). Creció en el campo de refugiados de Jabalia, donde la opresión colonial israelí definió todos los aspectos de la vida cotidiana.

El poder triunfante de la revolución

Ismail Abusalama fue arrestado en el campo de refugiados de Jabalia el 23 de enero de 1972. La abogada germano-israelí Felicia Langer, en su libro Con mis propios ojos (1975), registró la historia de su captura: “Lo arrastraron a la comisaría de policía de Gaza mientras lo golpeaban con lumas todo el camino. Lo bañaron con agua extremadamente fría y los soldados siguieron atacándolo con golpes por todas partes, hasta que perdió el sentido del oído. Esto continuó durante diez días… Luego amenazaron con que si no hablaba me desterrarían a Amman, donde me matarían”, relató.

Como muchos otros palestinos, cuenta Shahd Abuslama “mi padre fue automáticamente juzgado en un tribunal militar israelí, donde los jueces y fiscales son soldados israelíes vestidos de civil. Los palestinos siempre son culpables de desafiar la autoridad del régimen militar de Ocupación”.

Según la ONG israelí de Derechos Humanos B’tselem, los tribunales militares israelíes “están firmemente arraigados en el lado israelí del desequilibrio de poder, y sirven como uno de los sistemas centrales que mantienen su control sobre el pueblo palestino”.

El 30 de noviembre de 1972, el fiscal pidió al tribunal que “emprendiera una “guerra contra el terrorismo” e impusiera el castigo más severo a mi padre y a sus camaradas, acusados de pertenecer al Frente Popular de Liberación de Palestina, de tendencia marxista”.

Ismail Abusalama en la prisión de Nafha

Según Langer, el fiscal afirmó que estaba mostrando indulgencia para “no pedir la pena de muerte”. “Antes de emitir su veredicto, el juez permitió a mi padre y a sus camaradas pronunciar sus palabras de despedida, pero les advirtió: “No quiero oír discursos políticos”, cuenta.

Mientras que su camarada, Abdel Rahman, “ahora marido de mi tía materna, dijo que no tenía sentido, ya que no reconocían la jurisdicción israelí. Un motín estalló dentro de la sala del tribunal y se prohibió a los acusados hacer más comentarios. En medio de todo esto, mi padre gritó su creencia en “el poder triunfante de la revolución” para lograr justicia para ellos y para Palestina. A pesar de una sentencia que prometía la muerte en la cárcel, mantuvo su fe en un final revolucionario para su calvario”, dice Shahd Abuslama

Intercambio de prisioneros del 21 de mayo de 1985

“Él retiene las lágrimas mientras me cuenta la historia de su eventual liberación. No puedo olvidar el momento en que el representante de los prisioneros empezó a decir los nombres para ser liberados, dice, con los ojos clavados en la pintura que hizo durante su encarcelamiento – flores floreciendo y alambre de púas entre los nombres de su familia”.

El proceso de intercambio comenzó después de que Ahmad Jibril del Frente Popular para la Liberación de Palestina – Comando General (FPLP-CG) capturó a tres soldados israelíes (Yosef Grof, Nissim Salem y Hezi Shai) durante la Primera Guerra del Líbano. Tras una larga negociación, se llegó a un acuerdo para que Israel liberara 1.150 prisioneros a cambio de los tres israelíes que Jibril mantenía cautivos.

“Mi padre fue incluido en el trato y fue liberado a la edad de 33 años. Entre los demás prisioneros liberados se encontraban el revolucionario del Ejército Rojo japonés Kozo Okamoto, que había sido condenado a cadena perpetua, y Ahmed Yassin, el fundador de Hamas, que había sido condenado a 13 años en 1983”.

“El prisionero encargado de leer la lista de los detenidos liberados fue Omar Al Qasim, nacido en Jerusalén, miembro destacado del Frente Democrático para la Liberación de Palestina (DFLP), que desempeñó un papel crucial en el Movimiento de Prisioneros Palestinos desde 1968 como uno de los primeros prisioneros políticos palestinos. Inicialmente estaba entusiasmado, esperando que se le devolviera la libertad. Cada vez que decía un nombre, un grito de felicidad sacudía los muros de la prisión. Gradualmente, su expresión facial comenzó a cambiar, luchando por hablar cuando se dio cuenta de que su nombre no estaba incluido. Mi padre piensa que esta fue una forma de tortura psicológica puesta en escena por el director de la prisión israelí. Al Qassim murió cuatro años más tarde por negligencia médica en una celda israelí después de 31 años de resistencia cautiva”.

Mi padre describe Shahd que “es tanto un momento cargado de emoción como agridulce. La felicidad de los prisioneros liberados estaba incompleta por dejar a los otros prisioneros en ese horrible lugar donde el sol nunca brilla. Éramos como una gran familia que compartía todo juntos. Manejábamos colectivamente el mismo dolor y nos unimos para luchar por una causa”, me dice. “Aunque ahora soy libre, mi alma siempre estará con mis camaradas que permanecen allí”.

La historia se repite, agregando que el “18 de octubre de 2011, experimentamos un acontecimiento histórico similar con un acuerdo de intercambio de prisioneros en el que participó el soldado israelí Gilad Shalit, que fue detenido por la resistencia mientras estaba encima de un tanque israelí que invadía Gaza. Al igual que lo que ocurrió con Shalit, la captura en 1982 de tres israelíes provocó un gran revuelo entre el público israelí y los medios de comunicación internacionales, pero los miles de prisioneros palestinos pasaron desapercibidos”.

Detención administrativa y resistencia


El desequilibrio de poder entre la autoridad ocupante y la población ocupada siempre se ve minimizado por la cobertura mediática internacional de tales acontecimientos. Los soldados israelíes son presentados como secuestrados por “terroristas”.

Mientras tanto, miles de prisioneros políticos palestinos languidecen en las cárceles israelíes con sus derechos básicos a un juicio justo, a la atención médica y a que se les nieguen las visitas de familiares o abogados, sin mencionar el telón de fondo permanente del colonialismo de los colonos israelíes, el asedio y la ocupación militar.

La difícil situación de los prisioneros sigue siendo fundamental para la causa palestina, sobre todo teniendo en cuenta que Israel utiliza la detención para aplastar la resistencia.

Desde la Nakba, más de un millón de palestinos han sido encarcelados, incluidos niños. La potencia ocupante justifica este uso de la detención administrativa alegando que posee información secreta. Esta información no se comparte con los detenidos administrativos ni con sus abogados, lo que deja a muchos prisioneros palestinos en un limbo inhumano, sin que nunca se les juzgue ni se les acuse formalmente.

“Mi padre siempre ha dicho que “los prisioneros son los mártires vivos” y que las cárceles israelíes son “tumbas para los vivos”. Las protestas nacionales que exigían la liberación de todos los prisioneros palestinos eran prácticamente una parte obligatoria de mi educación”, afirma Shahd Abusalama.

A pesar de las muchas injusticias del cautiverio, el Movimiento de Prisioneros Palestinos nunca ha sido quebrantado, con esfuerzos de resistencia que incluyen huelgas de hambre organizadas. La postura adoptada por los detenidos inspira tanto dentro de Palestina como en todo el mundo, especialmente dado el fuerte sentido de internacionalismo que se encuentra en los esfuerzos de solidaridad de Palestina. Angela Davis, por ejemplo, recordó cómo “la solidaridad procedente de Palestina fue una fuente muy importante de coraje” durante su encarcelamiento a principios de la década de 1970.

La pandemia de Covid-19 ha arrojado luz sobre los derechos de los prisioneros en todo el mundo. Desde los Estados Unidos hasta Palestina, muchos están viendo las injusticias institucionales del complejo industrial de las prisiones y los niveles de beneficios que se están obteniendo, y han comenzado a cuestionar este sistema de manera mucho más crítica que antes. Finalmente estamos imaginando la posibilidad de un mundo en el que tales instituciones ya no existen. Ahora, más que nunca, es el momento de organizarse a nivel local, nacional e internacional para los derechos y la libertad de los prisioneros palestinos.

Su libertad será un triunfo para la humanidad.

Por: Shahd Abusalama, es estudiante de doctorado en la Universidad Sheffield Hallam, nacida y criada en el Campo de Refugiados de Jabalia, Gaza.

Fuente: Red Pepper