Recordando el manifiesto de Desmond Tutu que comparó a Israel con el Apartheid Sudafricano

El 29 de abril de 2002, el arzobispo sudáfricano Desmond Tutu escribió un artículo llamado Apartheid en Tierra Santa, y dijo que tras su viaje a Palestina había recordado “mucho a lo que nos pasó a los negros en Sudáfrica”.

El premio Nobel de la Paz, Desmond Tutu, comparó la situación de los palestinos con la experiencia vivida por la población negra en Sudáfrica durante el régimen del “Apartheid”, en un discurso pronunciado en Estados Unidos, publicado por el diario británico “The Guardian.

“Mi visita a Tierra Santa me sacudió profundamente”, declaró el obispo. “Me recordó fuertemente lo que sucedió con nosotros los negros en Sudáfrica. Yo viví la humillación de los palestinos en los puestos de control y los retenes de carretera: los palestinos sufren como nosotros sufrimos cuando jóvenes policías blancos nos impedían ir de un sitio a otro”.

Según Tutu, Israel nunca será un país seguro si no deja de reprimir a otro pueblo. El premio Nobel, consideró incomprensible que precisamente sea Israel quien lleve a cabo tal política de represión.

“¿Han olvidado nuestras hermanas y hermanos judíos su propia humillación?, ¿Han olvidado ya en tan poco tiempo el castigo colectivo, la destrucción de sus casas en su propia historia?”, se preguntó el obispo sudafricano.

El antiguo arzobispo de Ciudad del Cabo y representante de la Comisión sudafricana de la Verdad también criticó esa vez duramente a Estados Unidos, al señalar que todo el que critica a Israel es calificado inmediatamente como antisemita en ese país.

“En este país (EE.UU.), la gente tiene miedo de llamar incorrecto lo que es incorrecto, porque el “lobby” judío es fuerte, muy fuerte! (…) El gobierno del apartheid también era muy fuerte, pero hoy no existe más. Hitler, Mussolini, Stalin, Milosevic e Idi Amin eran todos poderosos. Pero al final, los regímenes basados en la injusticia y la represión no perduraron”, aseguró el obispo.

A continuación podrás leer el citado artículo publicado el 29 de abril de 2002 por el diario inglés The Guardian:

En nuestra lucha contra el apartheid, los grandes partidarios eran el pueblo judío. Casi instintivamente tenían que estar del lado de los desposeídos, de los sin voz, luchando contra la injusticia, la opresión y el mal. He continuado sintiendo fuertemente con los judíos. Soy patrono de un centro del Holocausto en Sudáfrica. Creo que Israel tiene derecho a tener fronteras seguras.

Lo que no es tan comprensible, ni justificado, es lo que le hizo a otro pueblo para garantizar su existencia. He estado muy afligido en mi visita a Tierra Santa; me recordó mucho lo que nos pasó a los negros en Sudáfrica. He visto la humillación de los palestinos en los puestos de control y en los controles de carretera, sufriendo como nosotros cuando jóvenes policías blancos nos impedían circular.

En una de mis visitas a Tierra Santa fui a una iglesia con el obispo anglicano en Jerusalén. Pude oír lágrimas en su voz mientras señalaba los asentamientos judíos. Pensé en el deseo de los israelíes por la seguridad. Pero, ¿qué pasa con los palestinos que han perdido su tierra y sus hogares?

He experimentado a palestinos señalando lo que eran sus hogares, ahora ocupados por judíos israelíes. Estaba caminando con el canónigo Naim Ateek (el jefe del Centro Ecuménico Sabeel) en Jerusalén. Señaló y dijo: “Nuestro hogar estaba allí. Fuimos expulsados de nuestra casa; ahora está ocupada por judíos israelíes”.

Me duele el corazón. Digo que por qué nuestros recuerdos son tan cortos. ¿Nuestros hermanos y hermanas judíos han olvidado su humillación? ¿Han olvidado el castigo colectivo, las demoliciones de casas, en su propia historia tan pronto? ¿Han dado la espalda a sus profundas y nobles tradiciones religiosas? ¿Han olvidado que Dios se preocupa profundamente por los oprimidos?

Israel nunca obtendrá una verdadera seguridad a través de la opresión de otro pueblo. Una verdadera paz sólo puede construirse, en última instancia, sobre la base de la justicia. Condenamos la violencia de los terroristas suicidas, y condenamos la corrupción de las mentes jóvenes que enseñan el odio; pero también condenamos la violencia de las incursiones militares en las tierras ocupadas, y la inhumanidad que no permite que las ambulancias lleguen a los heridos.

La acción militar de los últimos días, predigo con certeza, no proporcionará la seguridad y la paz que los israelíes desean; sólo intensificará el odio.

Israel tiene tres opciones: volver a la situación anterior de estancamiento; exterminar a todos los palestinos; o -espero- esforzarse por lograr una paz basada en la justicia, basada en la retirada de todos los territorios ocupados, y el establecimiento de un Estado palestino viable en esos territorios junto a Israel, ambos con fronteras seguras.

En Sudáfrica tuvimos una transición relativamente pacífica. Si nuestra locura puede terminar como lo hizo, debe ser posible hacer lo mismo en todas partes del mundo. Si la paz puede llegar a Sudáfrica, seguramente puede llegar a Tierra Santa.

Mi hermano Naim Ateek ha dicho lo que solíamos decir: “No estoy a favor de este pueblo ni de aquel. Estoy a favor de la justicia, a favor de la libertad. Estoy en contra de la injusticia, en contra de la opresión.”

Pero usted sabe tan bien como yo que, de alguna manera, el gobierno israelí está colocado en un pedestal [en los EE.UU.], y criticarlo es ser inmediatamente tildado de antisemita, como si los palestinos no fueran semitas. Ni siquiera soy antiblanco, a pesar de la locura de ese grupo. ¿Y cómo es que Israel colaboraba con el gobierno del apartheid en las medidas de seguridad?

La gente tiene miedo en este país [los EE.UU.], decir que lo malo es malo porque el lobby judío es poderoso – muy poderoso. Bueno, ¿y qué? Por el amor de Dios, ¡este es el mundo de Dios! Vivimos en un universo moral. El gobierno del apartheid era muy poderoso, pero hoy ya no existe. Hitler, Mussolini, Stalin, Pinochet, Milosevic, e Idi Amin eran todos poderosos, pero al final mordieron el polvo.

La injusticia y la opresión nunca prevalecerán. Los poderosos deben recordar la prueba de fuego que Dios da a los poderosos: ¿Cuál es su trato con los pobres, los hambrientos, los que no tienen voz? Y en base a eso, Dios juzga.

Deberíamos hacer un llamamiento al gobierno del pueblo de Israel, al pueblo palestino y decir: la paz es posible, la paz basada en la justicia es posible. Haremos todo lo que podamos para ayudarles a conseguir esta paz, porque es el sueño de Dios, y podrán vivir juntos amistosamente como hermanos y hermanas.

Desmond Tutu era arzobispo de Ciudad del Cabo y presidente de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación de Sudáfrica.

¿Por qué Israel es un Estado de Apartheid?

El discurso y los análisis de quienes denuncian el apartheid israelí se basan estrictamente en el Derecho Internacional. Si bien la lucha de Sudáfrica hasta 1990 es un referente directo y permanente, el eje no está en discutir las posibles analogías o diferencias entre el apartheid sudafricano y el israelí: lo que importa es cómo el régimen impuesto por Israel hacia el pueblo palestino se ajusta perfectamente a la definición del crimen de apartheid en dos instrumentos claves del Derecho Internacional: la Convención internacional para la erradicación y sanción del crimen de Apartheid de la ONU (1973) y el Estatuto de Roma (2002) de la Corte Penal Internacional (la primera ratificada por Israel, el segundo no).

Fuente: The Guardian/ Emol

Traducción y Edición: Comunidad Palestina de Chile