Opinión |Washington sanciona a la Corte Penal Internacional para proteger a sus tropas y a las de Israel

El consejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos, John Bolton

El anuncio del pasado jueves 11 de junio, por parte del presidente Donald Trump se llevaba perfilando desde hace bastante tiempo, de manera que la imposición de sanciones a la Corte Penal Internacional (CPI) no ha sorprendido a nadie. El tribunal es claramente una herramienta que se ocupa de imputar a “negros y morenos”, como dijo hace algún tiempo un periódico árabe, y EEUU no va a permitir que empiece a juzgar a rubios y occidentales.

El anuncio de Trump fue saludado inmediatamente por el primer ministro Benjamín Netanyahu, quien calificó a la Corte Penal Internacional de “corrupta y tendenciosa”.

Las medidas de castigo fueron anunciadas justamente una semana después de que la CPI dijera que, con independencia de que los Acuerdos de Oslo sigan o no en vigor, el tribunal es competente para investigar los presuntos crímenes de guerra que Israel comete en los territorios palestinos ocupados.

No es ningún secreto que Israel está acostumbrado a saltarse todo el derecho internacional, convenciones y resoluciones incluidas. Lo ha hecho siempre y lo seguirá haciendo mientras exista un orden internacional como el que tenemos, con una Unión Europea estática y paralizada, y con unos Estados Unidos que dan al estado judío carta blanca para cualquier atropello que se propone, por disparatado que sea.

Netanyahu añadió que la CPI es un “tribunal politizado que lleva a cabo una caza de brujas contra Israel, Estados Unidos y otras democracias que respetan los derechos humanos”. Su reacción se produce mientras el estado de Israel está ultimando la anexión unilateral del 30 por ciento de la Cisjordania Ocupada, mientras sus militares llevan a cabo diariamente violentas redadas en los territorios palestinos, y mientras abusa sin descanso de los ciudadanos palestinos de casi todas las formas imaginables.

Netanyahu concluyó diciendo que la CPI se inventa cargos contra Israel, como por ejemplo decir que “constituye un crimen de guerra que los judíos vivan en su patria histórica”.

Netanyahu no tiene nada que decir de los millones de palestinos del exilio, que no tienen “patria histórica” pese a ser la población autóctona, ni tiene nada que decir de los millones de palestinos que viven asediados en sus ciudades y pueblos y han perdido el derecho a desplazarse de un lugar a otro porque Israel les roba las tierras con el consentimiento de un sistema judicial complaciente.

Es más, las palabras de Netanyahu, como las de Donald Trump, implican que Israel y Estados Unidos impiden a los palestinos recurrir ante los foros internacionales para buscar un mínimo de justicia ante un estado nacionalista feroz que solo tiene en consideración a la población judía, y que habitualmente justifica la colonización recurriendo a la Biblia y negando los derechos más elementales a toda la población no judía, sin el menor asomo de humanidad.

El diario Haaretz reveló que el presidente Trump coordinó las sanciones al CPI con Netanyahu, y que el primer ministro israelí discutió con Mike Pompeo esta cuestión cuando el secretario de Estado visitó Israel en mayo. La naturaleza de este contubernio simplemente explica de otra forma por qué los poderosos del mundo hacen lo que les viene en gana sin permitir que los débiles puedan responder de ninguna manera.

En la orden ejecutiva de Trump no se mencionaba a Israel, pero el nombre de este país sí que figuraba en la declaración posterior que hizo la Casa Blanca. Con una administración como la actual, que parece dedicar la mayor parte de su tiempo a proteger hipócritamente a Israel y a alimentar su expansión colonial en Medio Oriente, es natural que Netanyahu felicitara este jueves al presidente norteamericano por su última demostración de fuerza y de burla hacia el derecho internacional.

La intención de la orden ejecutiva quedó clara en la declaración de la Casa Blanca, que hablaba de proteger a sus “aliados”, sin mencionar explícitamente a ninguno de ellos con excepción de Israel. En los últimos cuatro años, Israel ha hecho todo lo que ha querido contando con la bendición de Trump, y ahora se prepara para integrar en el país las colonias israelíes y el Valle del Jordán, quitando a los palestinos otro 30 por ciento del 22 por ciento que representan los Territorios Ocupados en 1967, en relación a la Palestina Histórica.

Las sanciones no solo están dirigidas contra el tribunal en sí en tanto que institución, sino que despejan el camino para adoptar sanciones específicas contra los fiscales y funcionarios que trabajan en la CPI. Washington podrá congelar o confiscar sus cuentas bancarias en EEUU, o simplemente prohibirles entrar en el país.

De hecho, EEUU ya impuso el año pasado sanciones a funcionarios de la CPI, un tribunal fundado en 2002, limitando el movimiento de algunos de sus miembros. EEUU e Israel nunca se han integrado en la CPI previendo que sus acciones por el mundo podían ser objeto de una investigación, algo que finalmente ahora está empezando a ocurrir.

Una investigación preliminar de la CPI que se remonta a 2017 halló que existen indicios para investigar presuntos crímenes de guerra cometidos por el ejército de EEUU en Afganistán, y determinó que el tribunal de la Haya es competente para juzgarlos puesto que Afganistán es miembro de la CPI.

La fiscal Fatou Bensuda, contra la que Israel ha lanzado una campaña de desinformación, acoso y derribo que seguramente se intensificará a partir de ahora, ha indicado su disposición a investigar los crímenes de guerra cometidos por los estadounidenses en Afganistán, que incluyen matanzas cometidas tanto por los talibanes como por el ejército de EEUU y la CIA, así como los crímenes cometidos por Israel.

Por: Eugenio García Gascón

Fuente: Público