Opinión: “Ser negro en EEUU no debería ser una sentencia de muerte”. ¿Y qué hay de ser palestino?

¿Viste a los policías americanos? ¿Viste cómo estrangularon a George Floyd hasta la muerte en Minneapolis? ¿Viste al oficial Derek Chauvin arrodillado en su cuello, sujetándolo, con Floyd rogando por su vida hasta que murió cinco minutos después? Qué fuerzas policiales racistas tienen en Estados Unidos, qué brutalidad. Ahora Minneapolis se está quemando después de que un ciudadano afrodescendiente fuera ejecutado por el color de su piel. El alcalde se disculpó, los cuatro oficiales involucrados fueron despedidos, Chauvin fue acusado. Estados Unidos es un lugar cruel para los afrodescendientes y su policía es racista.

Unos días después de Minneapolis, el sábado por la mañana, en la Ciudad Vieja de Jerusalén, Eyad Hallak, un joven autista de 32 años, se dirigía al Centro Elwyn para discapacitados. Los agentes de la Policía israelí afirmaron que creían que llevaba un arma -no había ninguna- y cuando le pidieron que se detuviera, empezó a correr. La pena era la muerte. La Policía, la más brutal de todas las unidades, no conoce otra forma de dominar a un palestino autista que huye, excepto ejecutándolo. Los cobardes oficiales de la Policía dispararon unas 10 balas a Hallaq mientras huía, hasta que murió. Así es como siempre actúan. Eso es para lo que han sido entrenados.

Las Fuerzas de ocupación de Israel y la Policía de tienen una debilidad especial por los discapacitados. El más mínimo movimiento o sonido erróneo podría condenarlos a muerte. En otra Ciudad Vieja, de Hebrón, en marzo de 2018, los soldados mataron a Mohammad Jabari, de 24 años, que era mudo y enfermo mental, y cuyos vecinos lo llamaban “Aha-Aha” porque esas eran las únicas sílabas que podía decir. Le tendieron una emboscada y le dispararon cerca de una escuela de niñas, alegando que estaba tirando piedras. Dejó atrás a un hijo de 4 años, un huérfano.

El apodo de otro joven, Mohammad Habali, era Za’atar (hisopo); nadie sabe por qué. También tenía trastornos mentales y solía caminar con un palo. Los soldados israelíes lo ejecutaron disparándole en la cabeza a unos 80 metros de distancia. Eso ocurrió en diciembre de 2018 frente al restaurante Sabah en Tulkarem, justo después de las 2 de la mañana, mientras se alejaba de los soldados y la calle estaba tranquila.

Dos años antes, el ejército mató a Arif Jaradat, de 23 años, discapacitado mental, en la ciudad de Sair. Su familia lo llamaba “Hob”, que significa amor. Siempre que veía a los soldados les gritaba en árabe: “No mi hermano Mohammed”, pero en realidad queriendo decir: “No se lleven a mi hermano Mohammed”.

Mohammed, el hermano mayor de Arif, fue secuestrado en su casa y arrestado al menos cinco veces por los soldados delante de él. El día que Arif murió lo oyeron gritar su habitual grito a los soldados. “Es minusválido, no le disparen”, alguien se las arregló para gritarles a los soldados, pero no les importó. También mataron Hob a tiros.

Ninguno de estos desafortunados discapacitados mentales ponía en peligro a los soldados o al personal de la Policía. Hallak tampoco estaba poniendo en peligro a nadie. Los oficiales de la Policía le dispararon porque así es como hacen las cosas. Lo hicieron porque era un palestino y porque el fuego vivo es la primera y preferida opción de las fuerzas de ocupación.

La Policía de no es menos brutal ni racista que la policía de los Estados Unidos. Allí disparan a los negros, cuya sangre es barata, y en Israel disparan a los palestinos, cuya sangre es aún más barata. Pero aquí, la matanza nos duerme; allí provoca protestas. El alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, que resulta ser judío, se apresuró a pedir disculpas a la comunidad negra de su ciudad. “Ser negro en América no debería ser una sentencia de muerte”, dijo.

Tampoco debería ser una sentencia de muerte ser un palestino, pero ningún alcalde judío israelí ha dicho nunca nada de eso. El oficial de policía que asfixió a Floyd hasta la muerte fue acusado de asesinato en tercer grado, sus colegas fueron despedidos. En Israel, el departamento del ministerio de Justicia que investiga la mala conducta de la policía está investigando al oficial que disparó a Hallak. El final, como en todos los demás casos como este, es conocido.

Mientras tanto, en América, la policía es brutal y racista.

Por: Gideon Levy

Fuente: Haaretz

Traducción y Edición: Comunidad Palestina de Chile