Opinión | Por qué los palestinos necesitan reclamar a la OLP

La pandemia de COVID-19 y los planes del gobierno israelí de anexionar los Territorios Palestinos Ocupados han mostrado a los líderes palestinos -una vez más- lo que significa dirigir un gobierno sin soberanía. El acuerdo recientemente anunciado entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos es una prueba más de la incapacidad de los dirigentes de influir en los acontecimientos que determinan el destino del pueblo palestino.

Estos acontecimientos recientes ponen de relieve el fracaso del proyecto de creación de un Estado de la Autoridad Palestina (AP) y, con él, el paradigma de la solución de dos Estados. Los planes de anexión de Israel -que siguen sobre la mesa, según el Primer Ministro israelí Benjamín Netanyahu- dejarían los enclaves fragmentados de la Ribera Occidental bajo el control nominal de la AP, con el control final ejercido por Israel, como ha sido el caso desde que comenzó la ocupación en 1967.

Del mismo modo, Hamas gobernaría la Franja de Gaza dentro de los estrechos límites del bloqueo israelí impuesto en 2007 y apoyado por Egipto. Estos resultados no son ni lo que los dirigentes de la Organización de Liberación de Palestina (OLP) previeron cuando firmaron los Acuerdos de Oslo con Israel a partir de 1993, ni lo que la comunidad internacional se propuso patrocinar cuando acordó apoyar los esfuerzos de paz en la región.

La AP, establecida inicialmente como un gobierno provisional, ha sido incapaz desde el principio de defender su territorio y su población contra el proyecto colonial expansionista israelí, o de gestionar una entidad económicamente viable que pudiera garantizar un medio de vida digno a los palestinos, especialmente en momentos de crisis aguda.

La economía palestina sigue dependiendo de la ayuda exterior, así como de la economía israelí y de los acuerdos perjudiciales establecidos en virtud de los Acuerdos de Oslo. Entre ellos figura el Protocolo de 1994, que formalizó las relaciones económicas palestino-israelíes en el marco de una unión aduanera sesgada que favorece la economía más fuerte de Israel y deja a los palestinos un espacio limitado para desarrollar la independencia económica y la autosuficiencia.

El tan vociferado enfoque de buen gobierno que la AP adoptó en los últimos decenios ha dado lugar, irónicamente, al crecimiento de las tendencias autoritarias y las estructuras de represión en lugar de un proceso de democratización y de rendición de cuentas. El cisma político entre Fatah y Hamas que se remonta a 2007 significó que la AP dirigida por Fatah centró su poder en la Ribera Occidental, mientras que los donantes internacionales invirtieron mucho en el fortalecimiento del establecimiento de seguridad de la AP. Hoy en día, las estructuras de gobierno de los palestinos son débiles y antidemocráticas a todos los niveles.

Las facciones de la resistencia palestina que se hicieron cargo de la OLP a finales del decenio de 1960 lograron unir a las comunidades palestinas dispersas en los campamentos de refugiados y la diáspora con el objetivo colectivo de liberar a Palestina. La OLP albergaba muchas facciones políticas palestinas, entre ellas Fatah (su miembro más importante), el Frente Popular para la Liberación de Palestina y el Frente Democrático para la Liberación de Palestina, entre muchas otras. También incluía sindicatos de trabajadores, escritores, estudiantes y mujeres, entre otros, aunque excluía a los grupos islamistas.

La creación de la AP destripó políticamente a la OLP cuando el poder de decisión se trasladó a la AP. Mientras tanto, la ayuda extranjera aseguró el lugar de la AP como representante palestino de facto en las relaciones con Israel y en el llamado “proceso de paz”.

Sin embargo, a pesar de su debilidad, la AP ha logrado dominar a la OLP y disminuir el papel de ésta como único representante del pueblo palestino, tal como lo reconocieron las Naciones Unidas y la Liga Árabe en 1974, y como punta de lanza del movimiento de liberación nacional palestino. Eso debe cambiar, y el primer paso es desplazar el centro de gravedad de nuevo a la OLP.

La falta de soberanía de la AP ha significado la total dependencia de la voluntad financiera y política de la comunidad internacional para la supervivencia, y por consiguiente la pérdida de la toma de decisiones políticas independientes.

De hecho, la decisión de la comunidad internacional de suspender la financiación de la AP después de que Hamas ganara las elecciones legislativas en 2006 es un claro ejemplo de cómo la AP es incapaz de proteger las elecciones democráticas de los palestinos, incluso si éstas se realizan a través de elecciones libres y justas. Lo que impide que la AP se disuelva es el respaldo internacional que recibe: Si la AP se derrumba, también lo hará su coordinación de seguridad con Israel, un resultado que la comunidad internacional prefiere evitar.

Pero después de casi tres décadas de existencia, la AP no ha acercado al pueblo palestino a la realización de su derecho inalienable a la autodeterminación. Ya es hora de declarar obsoletas la AP y sus estructuras: Simplemente no es apta para las generaciones palestinas presentes y futuras que buscan sobre todo la igualdad, la justicia y la libertad.

Los palestinos se enfrentan, una vez más, a la difícil tarea de reimaginar su futuro y trazar su trayectoria hacia la justicia y la libertad. El replanteamiento fundamental del marco existente y dominante significa cuestionar la utilidad institucional de la AP y su papel en la lucha palestina por la autodeterminación. Los palestinos podrían estar mejor guiados para revivir, reformar y reclamar una institución potencialmente más representativa e inclusiva: la OLP.

Durante el año pasado, una docena de analistas de políticas palestinas del instituto Al Shabaka han tratado de abordar las espinosas cuestiones a las que el pueblo palestino, especialmente la juventud, exige respuestas.

Estas preguntas incluyen: ¿Cómo puede la OLP mantener la responsabilidad como movimiento de liberación nacional y como órgano de gobierno? ¿Cómo pueden Hamas y el Movimiento de la Jihad Islámica integrarse en las estructuras de la OLP después de décadas de exclusión? ¿Y qué modelos de liderazgo de la juventud palestina pueden desarrollarse más para la era venidera? Los mensajes clave del informe “Reclamar la OLP, comprometer a la juventud” -disponible aquí- son que la inclusión, la responsabilidad y el liderazgo de los jóvenes son importantes.

Reconstituir la OLP significaría llevar a Hamas y al Movimiento de la Jihad Islámica al redil. Una OLP sin estas dos facciones principales socava sus pretensiones de ser representativa de todos los palestinos y erosiona su legitimidad. La representación no es suficiente: Su inclusión debe formar parte de un diálogo nacional que reconsidere el programa político palestino y, lo que es más importante, revise sus modelos de liderazgo y estilos de gobierno.

Israel ha explotado a menudo las acciones de Hamas y del Movimiento de la Jihad Islámica para eludir sus compromisos en virtud de los acuerdos de paz de Oslo y justificar su violencia contra el pueblo palestino. Sin embargo, el propio Israel ha llegado en varias ocasiones a acuerdos con Hamas -que Hamas ha sostenido- y que se ha asegurado de que otras facciones dentro de Gaza hayan sostenido. Además, la ocupación militar y la expansión de los asentamientos ilegales por parte de Israel, a pesar del control de Fatah en la Ribera Occidental, disipan el mito de que Hamas es el principal obstáculo para la paz.

Para reconstituir la OLP será necesario crear un consenso significativo, lo que es crucial para un movimiento de liberación nacional. Como no es un gobierno, necesita lograr la rendición de cuentas ante el pueblo que representa mediante la consulta y el logro de un consenso en lugar de las elecciones.

La rendición de cuentas también es importante como una forma de salir del pantano actual. Los actuales dirigentes políticos de los palestinos en la OLP y la AP no sólo se han convertido en una élite interesada y en gran medida desconectada de quienes dicen representar, sino que también lo ha hecho, en gran medida, Hamás en Gaza desde 2007.

La brecha es muy grande: pocos palestinos, ya sea que vivan en los territorios palestinos ocupados o en la diáspora, han tenido voz en alguna de las decisiones políticas tomadas en su nombre.

Por lo tanto, no puede haber un debate serio sobre la reforma del liderazgo palestino sin que el pueblo palestino en todas partes tenga voz en el proceso de toma de decisiones, en la corrección del rumbo y en la exigencia de responsabilidad a sus líderes políticos. Una OLP reformada debe responder al pueblo palestino ante todo.

Es imperativo traer a la nueva generación de líderes palestinos. Sin embargo, el campo de juego político palestino está actualmente salpicado de obstáculos estructurales para el surgimiento de jóvenes líderes palestinos comprometidos con la lucha palestina por la justicia y la libertad. Desde la obsesión de los donantes internacionales por cultivar tecnócratas palestinos, que están divorciados de las realidades vividas por los palestinos bajo la ocupación y en la diáspora, hasta la protección de las élites gobernantes y la supresión violenta de las voces que podrían desafiar el statu quo, los jóvenes líderes palestinos se ven socavados a cada paso.

Los palestinos pueden sacar lecciones de su propia historia para modelos de liderazgo, incluidos los comienzos de la propia OLP, donde los palestinos formaron un liderazgo colectivo basado en el consenso y lograron la movilización y participación masiva de los palestinos a nivel de base.

Si bien los actuales dirigentes de la AP rechazaron con razón el “plan de paz” del Presidente de los Estados Unidos Donald Trump, siguen aferrados a un programa político que ha fallado al pueblo palestino, y siguen depositando sus esperanzas en actores, como los Estados Unidos y la Unión Europea, que han demostrado durante decenios que no tienen la voluntad política de hacer realidad los derechos de los palestinos. Es imposible, en medio de este caos, construir un nuevo órgano palestino representativo con un programa político efectivo.

Independientemente del actual estado adormilado de la OLP, sigue siendo el organismo más cercano a las comunidades palestinas en casa y en la diáspora. La única forma de salir del actual callejón sin salida político es que los palestinos revivan y construyan sus redes de base en casa, en los campos de refugiados y en la diáspora desde la base.

Una nueva generación de dirigentes palestinos debe reclamar a la OLP como el único techo bajo el cual el pueblo palestino pueda reunirse, organizarse, elegir a sus representantes, recrear una narrativa nacional unificada y debatir y decidir un programa político que permita realizar mejor los derechos del pueblo palestino a la autodeterminación, la libertad y la justicia.

Las expresiones vertidas en este portal de noticias no representan necesariamente el pensamiento de la Comunidad Palestina de Chile.

Por: Marwa Fatafta, analista de políticas en Al Shabaka: La Red de Políticas Palestinas.

Alaa Tartir, es asesor de programa en Al Shabaka: The Palestinian Policy Network, investigador en el Instituto de Altos Estudios Internacionales y del Desarrollo de Ginebra.

Fuente: Foreign Policy

Traducción y Edición: Comunidad Palestina de Chile