Opinión | Por qué Biden debe ver esta película palestina

Hace poco vi “The Present”, un cortometraje de Farah Nabulsi, una cineasta palestina, que fue nominado para el premio de la Academia por un cortometraje de acción en vivo. La película de Nabulsi, de 25 minutos de duración, es un relato impactante y desgarrador de las dificultades de Yusef, un hombre palestino, y de Yasmin, su hija pequeña, cuando atraviesan un puesto de control militar israelí en Cisjordania dos veces en un mismo día.

“The Present” establece su contexto rápidamente, abriendo con imágenes de hombres palestinos que se abren paso a través de un estrecho pasillo en uno de los numerosos puestos de control que salpican la Cisjordania ocupada por Israel. Los palestinos que van a trabajar, a visitar a su familia o a comprar al otro lado de una barrera de seguridad tienen que soportar este humillante procedimiento todos los días.

Yusef sale con Yasmin a comprar un regalo de aniversario para su mujer. Pero son retenidos en un puesto de control. La razón aparente es que los guardias israelíes quieren registrarle a él y a sus pertenencias más a fondo. Yasmin se sienta cerca, observando y esperando en silencio.

La escena me trajo recuerdos de mi primera visita a Cisjordania en 1975, cuando crucé el río Jordán y llegué a un puesto de control israelí. Como estudiante de la Universidad Americana de El Cairo, me entusiasmaba la idea de visitar Jerusalén y pasar la Nochebuena en Belén. Me uní a una fila relativamente corta, que avanzaba a un ritmo constante y eficiente.

A pocos metros, pude ver a hombres, mujeres y niños en una fila mucho más larga, totalmente cerrada por una valla de malla de acero con la etiqueta “palestinos y árabes”. Vi a varios sometidos a descortesías y agresiones por parte de los soldados israelíes.

Aunque me angustió lo que vi, sabía que Israel tenía preocupaciones legítimas en materia de seguridad tras las guerras de 1967 y 1973, preocupaciones que se habían acentuado por los atentados contra objetivos israelíes.

Ha pasado medio siglo y el panorama político y de seguridad de Medio Oriente ha cambiado profundamente.

Israel ha firmado tratados de paz con Egipto y Jordania. Los “Acuerdos de Abraham”, negociados por Estados Unidos el año pasado, han allanado el camino para que otros cuatro Estados árabes -Emiratos Árabes Unidos, Bahrein, Sudán y Marruecos- establezcan relaciones diplomáticas con Israel. Es de esperar que más líderes árabes sigan su ejemplo, ya que no hay razón ni sentido geoestratégico en seguir negando la realidad y la permanencia del Estado de Israel. (Desgraciadamente, los acuerdos no hicieron nada por los palestinos, salvo conseguir la suspensión de los planes israelíes de anexión ilegal de Cisjordania).

También ha habido avances significativos en la reducción de la violencia ejercida por los palestinos dentro y fuera de los territorios ocupados.

En Cisjordania, los servicios de seguridad e inteligencia palestinos han colaborado estrechamente con sus homólogos israelíes, árabes y occidentales para desarticular las redes extremistas. Estos organismos palestinos han demostrado un impresionante grado de profesionalidad en las dos últimas décadas.

A pesar de la fuerte reducción de las tensiones entre Israel y el mundo árabe, el propio pueblo palestino no ha visto ningún progreso apreciable en su búsqueda de vivir en su propio estado soberano. Las fisuras políticas y la ineficacia del liderazgo político de la Autoridad Palestina han contribuido a obstaculizar las ambiciones de la nación palestina.

Pero eso podría cambiar. Las elecciones legislativas de mayo y las presidenciales de julio en Cisjordania y Gaza ofrecen a los palestinos la oportunidad de elegir representantes capaces de llevar a cabo un diálogo político más eficaz dentro de la patria palestina y fuera de ella. Los candidatos palestinos que no tienen la reputación esclerótica de los titulares políticos, si son elegidos, ayudarían a suavizar el arraigado cinismo que muchos funcionarios israelíes muestran hacia los negociadores palestinos.

El mayor obstáculo para lograr la paz, será invertir la tendencia a la disminución del interés que el gobierno israelí ha mostrado en la búsqueda de una solución de dos Estados. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha encabezado la incesante expansión de los asentamientos en Cisjordania. Esa expansión ha traído consigo más muros de hormigón, barreras de seguridad y puntos de control, reduciendo aún más los espacios en los que los palestinos pueden vivir, pastar sus rebaños, cuidar sus olivares y huertos sin ser desafiados por sus ocupantes.

Por desgracia, durante los años de Trump, Estados Unidos ignoró los intereses y las aspiraciones palestinas. El Sr. Trump trasladó la embajada estadounidense en Israel a Jerusalén, rechazando la posición de todas las administraciones estadounidenses anteriores de que pondría en peligro las negociaciones sobre el estatus final de esa ciudad disputada. Cortó insensiblemente la financiación a la Autoridad Palestina y puso fin a nuestras contribuciones a las Naciones Unidas para la ayuda a los refugiados palestinos.

En un cambio bienvenido, la administración Biden ha autorizado la liberación de 235 millones de dólares para programas humanitarios, económicos y de desarrollo que apoyan a los palestinos en Cisjordania, Gaza y otros lugares de la región.

La escena final de “The Present” muestra a Yusef, cansado y cojeando por el dolor de espalda, cada vez más enfadado y al borde de la violencia mientras intenta volver a casa con el regalo del aniversario. Su escalofriante arrebato emocional me hizo pensar en la frustración que sienten todos los palestinos que tienen que vivir con las asfixiantes medidas de seguridad y la opresión política que conlleva la ocupación militar de Israel.

Sin embargo, fue su hija pequeña, Yasmin, la que me hizo reflexionar y preocuparme más. Ella vio cómo la paciencia, la dignidad y la humanidad de su padre se iban erosionando.

Sólo puedo imaginar la huella que estas experiencias dejan en los niños y niñas que viven en Cisjordania y la Franja de Gaza. Crecen traumatizados por la injusticia, la discriminación y la violencia. Viven con la sensación de que su existencia está controlada por personas que no se preocupan por su bienestar, su seguridad o su futuro.

El gobierno de Biden se está ocupando de un vertiginoso conjunto de problemas nacionales e internacionales, pero la búsqueda de un Estado por parte de los palestinos merece el pronto compromiso de su equipo de seguridad nacional. Estados Unidos tiene que decir a los dirigentes israelíes que cesen la construcción de asentamientos provocativos y el tipo de prácticas de seguridad opresivas que se describen en “El presente”.

Una señal clara del Presidente Biden de que espera y está dispuesto a facilitar conversaciones serias entre israelíes y palestinos sobre una solución de dos estados sería de gran importancia política.

Las opiniones vertidas en nuestro portal de noticias son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente el pensamiento de la Comunidad Palestina de Chile.

Por: John Brennan, ex director de la Agencia Central de Inteligencia.

Fuente: New York Times

Traducción y Edición: Comunidad Palestina de Chile