Opinión: Palestina en la mira del Covid 19 y el régimen colonial israelí

A esta hora, no olvidemos que existe un pueblo, un país ultrajado que sigue resistiendo el colonialismo mas salvaje desde hace 72, años próximos a cumplirse en mayo de éste año.

No olvidemos que ese pueblo, bombardeado permanentemente, cuyo sistema de salud encuentra precarizadas cada vez más sus condiciones en los últimos años y sobre todo desde 2014, cuando los ataques han sido incesantes y, premeditadamente, dirigidos a destruir las principales infraestructuras, incluyendo las del sistema de salud, tanto en la atención primaria como en materia sanitaria, se encuentra luchando para sacar a sus criminales colonizadores, en tanto no les permiten cumplir la cuarentena ante la reciente llegada del Covid 19, siendo que, además, hace años viven en situación de confinamiento producto de las bombas, secuestros, persecución y abusos de toda clase.

La cuarentena es la condición de vida habitual de ese pueblo por el virus de la maldad y la conflagración de Estados imperialistas poderosos, organismos internacionales miopes frente a la situación interna de la nación palestina y la mayoría de los medios de comunicación, encubridores de todos los abusos perpetrados en su contra.

No olvidemos que, a esta hora, ese pueblo valiente, tiene más necesidad que nunca y no reúne siquiera el centenar de camas en el territorio de Gaza, por ejemplo (lugar más hacinado y bloqueado del mundo), para la recepción de casos por infección que superan en creces la capacidad instalada de atención.

Se trata de un espacio territorial en el que sólo puede apreciarse la estela de terror y muerte sembrada por un régimen genocida y cruel que un día, hace 72 años, se abrogó el derecho sobre esas tierras y ha emprendido una “limpieza étnica” con beneplácito de las grandes potencias económicas y militares; principalmente EEUU que, actualmente, bajo la administración Trump, a través del denominado “Acuerdo del Siglo”, ha prometido la entrega, al régimen sionista de Israel, los territorios palestinos de Jerusalén y el Valle de Jordán.

Tras 13 años de un bloqueo impuesto, que ha castigado profundamente su economía, impidiendo el acceso a medicinas, comida y servicios básicos, ese pueblo heróico emprende, hace unas semanas, la lucha contra la amenaza sanitaria más terrible de los últimos cien años y que hoy asola al planeta entero, pero, en el caso Palestina, puede costar más vidas de las que ya ha entregado en la resistencia por el reclamo de su tierra y su derecho a ser nación.

El primer ministro palestino, Mohammad Stayyeh, denunció que el verdadero obstáculo del pueblo palestino en su lucha contra la pandemia del coronavirus es la ocupación israelí.

Palestina hoy cuenta con escases de camas y suministros para la atención de la población en medio de la emergencia. La situación más crítica acaece en Gaza donde al día de hoy, según vocerías en materia de salud, se disponen de sólo 20 camas equipadas para atender casos que requieran cuidados intensivos, tanto para la población adulta, como la pediátrica.

No olvidemos hoy, ni nunca, que el pueblo palestino necesita de la ayuda internacional, de la presión de todos los países para un cese al fuego definitivo y la construcción de una paz sobre acuerdos justos.

Palestina ha estado siempre demandando la solidaridad más transparente, la hermandad de todos los pueblos, la sensatez, la concordia y el reconocimiento como Estado y cultura, para que ello permita a sus habitantes vivir en el territorio que siempre y legítimamente les ha pertenecido, gozando de derechos plenos que garanticen no sólo la vida, sino el retorno a la normalidad y el funcionamiento de sus instituciones.

Hoy sufren un hacinamiento impuesto, permitiéndoseles ocupar solo dos porciones de su territorio en condiciones realmente austeras y bajo un ataque contínuo que procura un exterminio total, es decir, borrar al último palestino de la faz de la tierra.

Hoy el mundo debe levantar la voz por Palestina. Las naciones, los movimientos, las instancias que luchan y abogan por el respeto a los derechos humanos y todo el planeta en general, debe hacer un llamamiento que apele al resguardo de los derechos y garantías que les son otorgados por los principios elementales del derecho internacional.

El mundo entero debe repudiar, enérgicamente, los planes de ocupación que, si bien han sido desde sus inicios, una brutalidad, hoy, en medio de esta emergencia sanitaria es algo que se torna aún más aberrante y grotesco. Por su parte, Palestina ha denunciado que el régimen sionista de Israel, con la ayuda de EEUU planea anexarse la Cisjordania ocupada en medio de la lucha mundial contra la COVID-19.

Debemos pedir por el establecimiento de un canal de ayuda, que les permita afrontar el vírus y garantizar el acceso a insumos y herramientas necesarias para atender la salud y resguardar la vida de cada uno de sus ciudadanos y ciudadanas.

Las naciones deben ejercer, a través de las instancias internacionales, mociones sansionatorias al régimen sionista y criminal de Israel por el exterminio masivo que han perpetrado todos estos años contra un pueblo indefenso y por aprovechar las actuales circunstancias para llevar a cabo nuevas tácticas militares con el objetivo de anexarse de facto y de manera unilateral nuevas porciones del territorio palestino.

En esta coyuntura, el tema Palestina no puede quedar, una vez más, debajo de la mesa. Los movimientos sociales de todo en mundo deben exigir el pronunciamiento de los distintos gobiernos para obligar un cese al fuego y acompañar en solidaridad al pueblo palestino en esta dura batalla contra el Coronavirus y la ocupación.

Su vunerabilidad ante ambos, obliga a un exhorto inmediato al concierto internacional de naciones, en sus diferentes instancias organizativas, para exigir un apoyo que se traduzca en la construcción de un puente aéreo que les permita disponer de insumos indispensables para hacer frente a la pandemia.

Además es necesario acompañar con fuerza la campaña global BDS (Boicot, desinversión y sanciones) como elemento punitivo, no violento, que permita incrementar la presión económica y política sobre en régimen sionista de Israel para que cumpla los objetivos planteados por el movimiento: el fin de la ocupación israelí y la colonización de sus territorios, como el reconocimiento del derecho de los refugiados palestinos al retorno. Sólo así podrá ser construida una paz real y duradera.

Dichas sanciones deberían ser mantenidas hasta que en régimen de Israel cumpla su obligación de reconocer el derecho inalienable del pueblo palestino a la autodeterminación, a su vez que acate completamente los preceptos de la legislación internacional.

No podemos permitir que los planes abyectos de éste régimen genocida se concreten con la misma impunidad y ante el más ensordecedor de los silencios.

Por: María Alejandra Rendón

Fuente: www.ciudadvalencia.com.ve