Opinión: Odiar a los árabes como punto en común: ¿Por qué es probable que el gobierno de coalición de Israel sobreviva?

Poco después de llegar a un acuerdo para formar un “gobierno de emergencia nacional” en Israel, el líder del partido Azul y Blanco, Benny Gantz, tuiteó triunfalmente que la “democracia” ha sido “salvaguardada”.

Pero, ¿cómo es que un acuerdo que otorgaría al primer ministro de derecha de Israel, Benjamin Netanyahu, un poder de veto sobre el mismo sistema judicial que determinará su destino, podría ser una forma de democracia?

En enero, Netanyahu fue acusado de múltiples cargos de soborno, fraude y abuso de confianza. Su juicio está programado para el próximo 24 de mayo.

Al hacer tal afirmación, Gantz se está engañando a sí mismo, siguiendo uno de los más vergonzosos actos de traición política en la historia moderna de su país. Al aceptar unirse al partido Likud de Netanyahu, Gantz ha desarticulado su propio grupo parlamentario, que unificaba varios partidos importantes en un solo bloque, todo ello con el objetivo de sacar del poder al líder más antiguo de Israel.

Azul y Blanco, que hasta hace poco estaba formado por tres partidos (Hosen Li Israel, Yesh Atid y Telem), se presentó ante los votantes israelíes como una fuerza política que finalmente devolvería cierta credibilidad a las enfermas instituciones políticas de Israel.

Claramente, Israel no estaba listo para tal misión.

Es conveniente culpar a Gantz del colapso de la otrora floreciente oposición de Israel, pero el problema con las élites políticas de Israel es mucho más complejo que el de un solo individuo.

Los dirigentes israelíes insisten en que la democracia, la transparencia y la inclusión son factibles, incluso cuando millones de ciudadanos palestinos del país están marginados y siguen siendo víctimas de un racismo institucional que se remonta a la fundación misma de Israel.

En realidad, Gantz podría haber formado un gobierno con la ayuda de la Lista Conjunta, una coalición de partidos palestinos progresistas, que es el único bloque político israelí que representa la esperanza de un futuro mejor y más inclusivo.

Sin embargo, el supuesto “centrista” israelí optó por unirse a Netanyahu -y, en consecuencia, alienar a sus propios aliados, Yesh Atid y Telem- para no cumplir las condiciones razonables de la Lista Conjunta.

La Lista Conjunta, que finalmente había respaldado a Gantz para formar un gobierno, se había limitado a pedir la eliminación de la Ley del Estado-Nación (que define a Israel como un Estado judío), la Ley Kaminitz (que restringe la construcción en las comunidades palestinas en Israel) y el fin de la ocupación israelí de Palestina, de conformidad con el derecho internacional.

Las demandas de los partidos árabes eran simplemente demasiado para que Gantz las manejara, por varias razones.

En primer lugar, Gantz es esencialmente un político de derecha y un halcón militar, que favorece la anexión de los territorios palestinos ocupados y ha pedido guerras aún más duras contra Gaza.

Dos, Azul y el Blanco nunca habría podido construir una coalición más amplia si se adhirieran a cualquiera de estas demandas. Esto lo dejó claro el jefe del líder de Yisrael Beiteinu, Avigdor Lieberman.

Tres, el miembro del Kneset (Parlamento) Zvi Hauser, una de las figuras más influyentes al interior de Azul y Blanco, está entre las principales fuerzas detrás de la racista Ley del Estado-Nación de julio de 2018. Esperar que Hauser deje de lado sus logros políticos, sería muy poco realista y habría desestabilizado aún más un partido, que ya ha perdido casi la mitad de sus partidarios en cuestión de días.

Hauser es un personaje interesante, un político ambicioso y una persona a la que hay que vigilar, ya que desempeñará un importante papel en el futuro en el gobierno de coalición de Israel.

Hauser se convertirá ahora en el “proverbial brazo largo del Comité de Nombramientos Judiciales”, según Yossi Verter. Este comité, en particular, fue el principal escollo en las difíciles negociaciones que precedieron al anuncio de un acuerdo de coalición gubernamental entre Gantz y Netanyahu.

Según el acuerdo, Netanyahu puede aceptar o rechazar cualquiera de los futuros nombramientos de Hauser. Es improbable que Hauser encuentre inaceptable la interferencia de Netanyahu, simplemente porque está acostumbrado a la idea de ser el hombre clave de Netanyahu.

Sí, de hecho, Hauser entró en el servicio público en 1994 para servir como portavoz del partido Likud bajo Netanyahu que, en ese momento, era el líder de la oposición del país. De hecho, la carrera política de Hauser a lo largo de los años parece estar intrínsecamente ligada a la de Netanyahu.

Y aquí, sin embargo, hay otro punto en común entre el Likud y los Azules y Blancos, que podría hacer muy posible la anexión planificada de partes de la Cisjordania palestina ocupada y el Valle del Jordán.

El texto del acuerdo del gobierno de coalición hablaba de una posible anexión de partes de los territorios ocupados ya en el verano, de acuerdo con la “Visión para la Paz” del Presidente de los Estados Unidos Donald Trump.

Este acuerdo no fue de ninguna manera una concesión por parte de Gantz, quien también apoya alguna forma de anexión.

Ahí es donde el papel de Hauser se vuelve vital una vez más, ya que fue el propio Hauser quien encabezó la “Coalición por el Golán israelí”, que defendió y promovió la soberanía de Israel sobre el territorio ocupado de Siria.

El deseo de Hauser recibió un gran impulso en marzo de 2019, cuando Trump firmó la orden que reconocía a los Altos del Golán como israelíes.

A pesar de su difícil nacimiento y del revés de Azul y Blanco, la coalición Netanyahu-Gantz tiene más en común de lo que parece:

Por un lado, Gantz parece haber abandonado su estrategia de deshacerse de Netanyahu a través del sistema judicial. Con Hauser como intermediario, Netanyahu, al menos por ahora, está algo seguro.

En segundo lugar, la anexión de los territorios palestinos (a pesar del fuerte rechazo palestino e internacional a tal medida) no sólo no es un punto de discordia entre los socios de la coalición, sino también un punto de acuerdo.

En tercer lugar, con el rechazo de Gantz a una coalición que incluye la Lista Conjunta, y el total desprecio de Netanyahu por el liderazgo palestino en la Ribera Occidental y Gaza, los palestinos quedan totalmente borrados del mapa político de las élites gobernantes de Israel. Es poco probable que esto también cambie en el futuro.

Hay un aspecto positivo de la poco prometedora coalición de gobierno de Israel, y es la claridad. Conociendo el largo legado de la ley anti-palestina, anti-paz y anti-internacional de Netanyahu, deberíamos tener toda la claridad necesaria para entender que ninguna paz justa puede ser alcanzada cuando Netanyahu está todavía al timón.

Lo mismo puede decirse de Gantz, que prefirió estrechar voluntariamente la mano del diablo que encontrar un terreno común entre los líderes de la comunidad árabe palestina de Israel.

Incluso cuando el mandato de 18 meses de Netanyahu como primer ministro expire, un gobierno israelí liderado por Gantz probablemente no lo hará mejor.

Por: Ramzy Baroud

Fuente: Palestine Chronicle

Traducción y Edición: Comunidad Palestina de Chile