Opinión: Muerte de Eyad Hallak y George Floyd nos recuerda que existen ciudadanos de diversas clases

Mural de George Floyd, en muro de Apartheid

La muerte de George Floyd, un afro estadounidense de 46 años, en manos de la policía en Minnesota, ha puesto en el tapete mundial el tema del racismo, y cómo cada cierto tiempo, la prensa nos recuerda que aún el tema está vigente, y que, pasado este berrinche o manifestaciones, volveremos a nuestra cómoda posición social, y nos olvidaremos de esto, quizás hasta otro terrible asesinato en circunstancias similares.


Leí un artículo, que comparaba estas protestas, con las que se sucedieron a partir del 4 de abril de 1968, día en el que fue asesinado Martin Luther King Jr., uno de los líderes por la lucha de los derechos civiles en EEUU.


Motivado por la muerte de este fascinante personaje, una profesora de una escuela rural del estado de Iowa, Jane Elliot de 87 años, comenzó a enseñar a sus alumnos, respecto del daño que causa el racismo, que no es más que prejuicios que tiene una persona o un grupo de personas, respecto a una determinada raza, pero se podría aplicar para cualquier otra forma de discriminación.


Esta profesora, se ha llegado a destacar a nivel mundial, y ha sido reconocida por su simpleza, para dejar en evidencia las creencias que tenemos las personas y los prejuicios, aprendidos, arrastrados y enraizados en muchos casos, sobre todo si no tenemos un espíritu particularmente crítico.


Se mencionaba en el artículo, que, con solo una pregunta, la profesora era capaz de demostrar, cómo el racismo y la discriminación, se ha normalizado en nuestra sociedad. Ante un auditorio de personas blancas, decía: “quiero que se ponga de pie en este auditorio, cada persona blanca, que estaría feliz de ser tratada, de la manera en que esta sociedad en general trata a los ciudadanos negros”, y nadie se ponía de pie, como era de esperar.


Me gustaría hacerle esta misma pregunta, a cada persona que se cataloga a sí mismo como “sionista” o “pro Israel”, ya que consideran que son una sociedad muy “progresiva” en su forma de pensar: “que se ponga de pie cada israelí, o pro Israel, que le gustaría ser tratado como son tratados los Palestinos de Gaza, bloqueados por aire, cielo y mar, y que cada cierto tiempo son bombardeados, sin considerar que es la zona con mayor densificación urbana del planeta.

O como un Palestino de Hebrón, al cual le quitaron su casa para dárselo a una familia originaria de Europa del Este, pero que tiene el derecho de quedársela, porque practica una determinada fe, o tiene una determinada característica física. O a la familia de Eyad Hallak, un palestino de Jerusalén de 32 años de edad, y con autismo, que fue asesinado por la policía israelí, so pretexto de autodefensa, mientras este huía, asustado por el nivel de violencia y prepotencia de las fuerzas del orden israelí”.


Finalmente, y al igual que en este caso, donde dudo que alguien ose ponerse de pie, la connotada profesora, llegaba a la siguiente conclusión: “Eso dice claramente que ustedes saben lo que está ocurriendo y saben que no lo quieren para ustedes”, infiere la profesora. “Quiero saber entonces por qué están tan dispuestos a permitir que le ocurra a otros”.


A esta lúcida conclusión, yo agregaría, que este (loable) levantamiento y estas manifestaciones en contra del racismo instaurado en EEUU, y en el mundo, nos recuerda nuevamente que hay vidas de primera clase, segunda clase y el resto de los habitantes del planeta.

Por: Fawzi Zalam, chileno hijo de palestinos, de profesión ingeniero comercial con máster en finanzas.

Fuente: Comunidad Palestina de Chile