Opinión | Los refugiados palestinos tenemos el derecho a volver a Palestina

De niño, Mahmoud Hussein huyó de su tierra natal, Palestina, como resultado directo de la Guerra de los Seis Días en junio de 1967. Eventualmente buscó refugio en Brasil. Tenía 13 años en ese momento.

Procedente del pueblo de Yalu, ocupado por Israel, me contó lo que sucedió ese fatídico día. “Cuando el ejército israelí entró en la aldea, nos vimos obligados a salir”, explica. “La gente huía sin comida ni bebida. Mi madre fue herida gravemente y murió delante de nosotros. La enterramos cerca de nuestra casa. Que descanse en paz”.

Ese niño se convirtió en un hombre de negocios a 10.631 km de su casa en Palestina. Su historia es una de las muchas que ilustran que los refugiados palestinos son ejemplos vivos de paciencia y, en muchos casos, de éxito. Ni el trauma de la falta de hogar ni el dolor de su pérdida los quebrantó. Al contrario, los hizo más fuertes. “Nuestra patria”, insiste Hussein, “vive dentro de nosotros”. Nunca renunciaremos a nuestro derecho de nacimiento”.

Es el destino de cada palestino llevar su patria en la Diáspora. Hace exactamente 53 años, Israel se apoderó de los restantes territorios palestinos de la Ribera Occidental, Jerusalén Oriental y la Franja de Gaza. La Guerra de los Seis Días fue un punto de inflexión para toda la región, no sólo para los palestinos.

Diecinueve años después de la Nakba (Catástrofe) en 1948, el Estado sionista llevó a cabo una segunda ola de expulsiones de palestinos de su patria. La Nakba tuvo como consecuencia que 750.000 palestinos fueran expulsados de sus hogares; la Naksa (Recaída) de 1967 vio a otros 420.000 obligados a irse.

Sin embargo, la conexión con su tierra es tan fuerte que incluso ahora, décadas más tarde, los refugiados palestinos luchan duro para ejercer su legítimo derecho a regresar. La lucha se ha transmitido a lo largo de generaciones, así como las llaves de sus hogares perdidos.

Para Hussein y otros palestinos, el sufrimiento no ha terminado; los recuerdos siguen siendo dolorosos. Al recordar aquellos días de 1967, las lágrimas se le llenan los ojos de lágrimas. “Caminamos por valles llenos de espinas y nos perdimos. Mi abuela de 98 años estaba con nosotros, y teníamos que llevarla a la espalda de vez en cuando”. Después de quince días, Hussein y el resto de su familia que sobrevivieron a la ocupación de su casa, finalmente llegaron a Jordania.

“Allí, las cosas mejoraron de alguna manera. Mis tíos vivían en Jordania, así que nos quedamos con ellos durante un año y medio, hasta que conseguimos ponernos en contacto con mi padre que estaba estudiando en Brasil en ese momento. Tenía una beca para estudiar agricultura con la ayuda del gobierno jordano.”

Millones de palestinos siguen viviendo en el exilio de la tierra en la que sus familias han vivido y cultivado durante generaciones. La historia ha avanzado desde que llegaron a sus países de acogida donde pensaron que se quedarían durante unas semanas o meses, pero terminaron quedándose toda la vida. “Todo sucedió tan rápido”, me dice Hussein, “y no pudimos llevar nada con nosotros. Sin embargo, en Brasil, empezamos nuestro negocio.” La familia abrió una pequeña tienda al principio; luego una cadena de tiendas con más de 200 trabajadores.

Para los refugiados palestinos en la Diáspora, el éxito económico no significa nada a menos que vaya acompañado de desarrollo social. “Ahora que tenemos negocios exitosos, nuestro deber es tener éxito social y culturalmente enseñando a las nuevas generaciones sobre nuestro derecho y deseo de regresar a Palestina”, señala Hussein. “Ya sea el año que viene, o en 50 o 100 años, volveremos a Palestina.”

La resolución 194 de la Asamblea General de la ONU es explícita sobre el derecho a regresar: “Se debe permitir a los refugiados que deseen regresar a sus hogares y vivir en paz con sus vecinos que lo hagan lo antes posible, y se debe pagar una indemnización por los bienes de quienes decidan no regresar y por la pérdida o el daño de bienes que, en virtud de los principios del derecho internacional o de la equidad, deban ser reparados por los gobiernos o las autoridades responsables”.

No obstante, Israel se niega a cumplir esta y otras resoluciones y leyes que rigen el estatuto de los refugiados y que reafirman el derecho de los palestinos a regresar a sus hogares y tierras de origen. Permitir que lo hagan es una condición para que Israel sea miembro de la ONU; es una condición que ha sido ignorada por el estado y la organización internacional.

Cada generación de palestinos hereda el anhelo de libertad. Los palestinos continuarán buscando una paz justa que proporcione a las futuras generaciones su derecho de nacimiento; su tierra será devuelta, de una manera u otra. Esa fue siempre la certeza en los corazones de nuestros abuelos, y sigue siendo para nosotros hoy en día. No puede haber justicia ni paz sin resolver la difícil situación de los refugiados de 1948 y 1967 y de todos los que desde entonces han sido desplazados por la ocupación colonial de Israel. Los palestinos quieren la paz, pero ésta no puede producirse mientras continúe la ocupación y se les nieguen sus derechos.

“Israel trata constantemente de manchar la reputación del pueblo palestino y, sin embargo, somos un pueblo persistente y trabajador”, concluye Mahmoud Hussein. “Lo más importante que debe saber Israel es que no renunciaremos a nuestra patria. No tenemos vida si no regresamos a lo que es nuestro por derecho.”

Por: Eman Abusidu

Fuente: Middle East Monitor

Traducción y Edición: Comunidad Palestina de Chile