Opinión | La utopía de la “Democracia” israelí

Creo que para hablar de lo que sucede hoy en Palestina, es necesario remontarse a la promesa británica de Arthur James Balfour, en el año 1917. Este documento, sentó las bases para lo que hoy conocemos como el estado de Israel, ya que fue una manifestación formal, por parte del gobierno británico, de manifestar su apoyo o consentimiento, para la creación de un hogar nacional, para el pueblo judío en la Región de Palestina, que en ese entonces, formaba parte del Imperio Turco Otomano.

Esta misiva, fue dirigida al barón Lionel Walter Rothschild, un líder de la comunidad judía de Gran Bretaña de ese entonces, para que esto fuese comunicado a la Federación Sionista de Gran Bretaña e Irlanda.

Como se puede observar, dos personajes, ambos británicos – uno de religión judía – decidían el destino de millones de personas, a miles de kilómetros de distancia, sin siquiera, considerar realizar una consulta a la población indígena u originaria, que habitaba esa tierra por cientos o miles de años, algo no muy democrático a todas luces.

Cabe destacar, que dicho documento no hace referencia a que parte de Palestina se refería el Sr. Balfour, cuando escribió sobre la “patria” judía, lo que dadas las “insaciables” ansias de poder, o de expansionismo del Estado de Israel, podría llegar a reclamar, que lo que se refería dicha declaración, incluía Transjordania, que corresponde a lo que hoy se conoce como el reino de Jordania, al otro lado del Río Jordán, y que fue sustraído a Palestina, posteriormente por los británicos.

Las comunidades “no judías” (así se refería el documento a la población que ya habitaba esas tierras), que correspondía a los árabes cristianos y musulmanes que habitaban la zona, y a quienes Balfour no ofrecía una “patria nacional”, nunca son mencionadas en la declaración, como residentes del lugar, sino que solamente “existían”, por lo que nunca fueron definidos según su identidad, sino según la identidad, de quienes crearían su futura patria allí, no eran árabes, no eran palestinos, eran “no judíos”, un proyecto que nacía a todas luces, como un proyecto de carácter colonialista, racista y discriminador. 

Si hacemos un paralelo con lo que sucede hoy en día en Palestina, no dista mucho de lo sucedido hace 103 años, en donde un señor de origen estadounidense, escribe un plan de “paz” para la región, alentado por su yerno Jared Kushner, a un personaje de origen polaco llamado Benjamín Netanyahu, en donde se plantea una “solución”, nuevamente sin sentarse a negociar con los afectados directos, es decir con los palestinos o al menos el gobierno de turno (que cada día creo que los representa menos).

Pero acá surge el problema para el proyecto colonialista del sionismo, ya que, si en efecto Israel llega a anexar (buen eufemismo para referirse a apoderarse de algo que no te pertenece) a Cisjordania, Israel, en su papel de potencia ocupante, debe cumplir con todas las obligaciones que sobre ella recaen. Hasta ahora el argumento de Israel para no cumplir con éstas, ha sido que es un territorio “en disputa”.

Es curioso, por decir lo menos, que una entidad, que se define como estado, no sea capaz de definir sus fronteras, esto deja abierta la posibilidad de seguir “anexando” territorio, que fue la aspiración desde la fundación de Israel.  

Esto plantea un problema enorme para un proyecto colonial, ya que deberá reconocer ante el mundo, cuál es su frontera este, sin embargo, esto no debe ser lo que más complica a Israel, ya que si llega a reconocer que su frontera corresponde a toda la línea del Jordán, significaría que los árabes de Cisjordania, pasarían a ser habitantes de Israel, pero sin derechos o votos, lo que nos hace recordar inmediatamente el apartheid de Sudáfrica.

Finalmente, me parece surrealista, que en el año 2020, tengamos que al menos considerar la posibilidad de un robo masivo de tierras, que dejará a todo un pueblo, sin hogares y sin la tierra que les pertenece, basado en un mandato divino, o en las creencias de alguna gente, o en la forma que quieran justificarlo, creo que este acto criminal, inmoral y cobarde, no merece más que el repudio de todo el mundo “civilizado”.

Por: Fawzi Zalam Sabja

Fuente: Comunidad Palestina de Chile