Opinión | La anexión israelí: un golpe irreversible al proceso de paz

Es justo decir que este año 2020, ha generado golpes a las sociedades del mundo entero, una crisis sanitaria que no solo afecta la salud de las personas, con el confinamiento causado por la emergencia, se ha perturbado la economía global, que así mismo ha dejado incontables individuos sin el sustento del día a día y la agudización de los problemas ya existentes de la realidad social de cada país. Palestina no es la excepción.

Desde el inicio del presente año, las pretensiones políticas de los actuales gobiernos de Estados Unidos y de Israel han utilizado los derechos del pueblo palestino para el beneficio de los actores principales de ambas administraciones.

“Peace to Prosperity”, llamó el presidente Trump a su plan para Oriente Medio, y solo contando con una parte; donde un tercer país interviene en un conflicto de dos Estados, salvaguardando los intereses de solo una de las partes y la desconsideración de la otra; con el objetivo de buscar darle legitimidad a los asentamientos ilegales israelíes en territorios ocupados palestinos desde 1967, los cuales constituyen un crimen de guerra, según lo establece la IV Convención de Ginebra y el Estatuto de Roma, que también han sido condenados enérgicamente por la comunidad internacional como se puede contemplar especialmente en la resolución 2334 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobada en 2016 con 14 votos a favor y la abstención de Estados Unidos.

Y al mismo tiempo, pretende prometer un Estado Palestino inviable, sin continuidad territorial ni soberanía, además de la completa indiferencia hacia el tema de los refugiados, que ya son más de siete millones a los que Israel continúa sin reconocer su derecho al retorno, derecho contemplado desde la resolución 194 de la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1948.

A pesar del rechazo tanto de Palestina como de la mayoría de la comunidad internacional por su evidente oposición al derecho internacional, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha prometido anexar, a la soberanía de Israel, más territorios palestinos, específicamente los asentamientos ilegales construidos en Cisjordania y el Valle del Jordán (que representa aproximadamente el 30% de la Cisjordania ocupada, una tierra ampliamente fértil y geográficamente estratégica al ser fronteriza con Jordania).

Este proyecto, pretende ser autorizado el día 1 de julio de este mismo año, aunque ya han iniciado acciones para garantizar su cumplimiento, como la continua demolición de viviendas y la instalación de bloques de cemento en carreteras.

El anuncio de Netanyahu apareció estratégicamente en la espera de un juicio en su contra por corrupción y tras un bloqueo electoral que, luego de tres vueltas electorales, finalizó con la unión del actual primer ministro y Benny Gantz, su anterior contrincante, para alternarse en el poder durante el nuevo período gubernamental.

Ahora, ¿qué significaría la anexión ilegal de los territorios palestinos ocupados por parte del gobierno israelí? De hacerse efectiva la adhesión de la gran parte del Valle del Jordán, en primer lugar, se violenta el derecho de autodeterminación del pueblo palestino, su legítimo derecho a la independencia y soberanía sobre su propio territorio; sin contar con la desvinculación de todos los acuerdos bilaterales entre Palestina e Israel.

Con ello, se da pie a que las políticas militares racistas, opresivas, restrictivas, colonialistas e inhumanas de Israel persistan, lo que afectaría directamente a los derechos humanos de los civiles palestinos.

Por otra parte, se violentaría, nuevamente, la definición de fronteras, por parte de Israel, ya que Palestina accedió a aceptar las delimitaciones antes de 1967, así como también es respaldado por la comunidad internacional; llegado a este punto, cabe mencionar que 139 países, entre ellos El Salvador, Guatemala y Honduras, reconocen al Estado de Palestina con dichas fronteras. Por último, acabaría con las posibilidades de una solución de dos Estados, avalada por todo el mundo.

Tanto la Organización de las Naciones Unidas, como la Unión Europea y la Liga Árabe, entre otros actores, han manifestado su preocupación y rechazo a las pretensiones del primer ministro israelí, pero aún no se han pronunciado en cuanto a las sanciones que se impondrán en el caso que se concluya con el perverso plan, lo que nos hace preguntarnos, ¿qué papel jugará en esta ocasión el mundo?, ¿se continuará con la típica pasividad del ver, oír y callar?, porque ya se ha llegado al punto en que no hacer nada, es también ser parte del problema.

Restricción de movilidad, de comunicación y de libertad de expresión; confiscación de tierras; demolición de viviendas; desplazamiento forzoso, uso excesivo de la fuerza y tortura; castigos colectivos; detenciones aleatorias injustificadas, incluyendo a niños; infracciones al derecho de la intimidad; discriminación; todos estos son solo algunos de los derechos violentados diariamente a los palestinos por la ocupación israelí.

Hace poco fue muy conocido el caso de George Floyd en Estados Unidos, causando la indignación a nivel mundial por el racismo y el uso excesivo de la fuerza; en Jerusalén, policías israelíes asesinaron a tiros al joven palestino con autismo, Eyad Hallak, de 32 años, mientras se dirigía al centro de educación especial donde trabajaba y recibía atención. Pero el último evento no tuvo la cobertura mundial necesaria para llamar la atención sobre lo que ocurre en Palestina, o acaso ¿los valores morales no se aplican cuando es Israel quien violenta los derechos humanos de las personas?

El anuncio por parte del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, de ejercer la soberanía sobre el Valle del Jordán, no significa simplemente que Palestina seguirá siendo colonizada y humillada; también es una proclamación de negación, desinterés, irrespeto y violación de los principios que rigen un orden universal basado en el Derecho Internacional y queda más que claro que la paz no es un fin perseguido por el gobierno de Israel.

Por: Soad R.A. Rumman, diplomática palestina de la Embajada de Palestina en El Salvador

Fuente: Comunidad Palestina de Chile