Opinión: La anexión de Israel de Cisjordania: Preparando la política de la UE para el día después

Imagen de asentamiento ilegal israelí en Territorios Palestinos Ocupados

La anexión de la Ribera Occidental pondrá fin a la preciada solución de dos Estados de la Unión Europea (UE). Las normas internacionales y las propias leyes de la UE deberán ahora apuntalar las relaciones post-anexión con Israel.

Tras la asunción de un nuevo gobierno de “unidad”, Israel continúa su camino hacia la anexión del territorio de Cisjordania programado para el próximo 1 de julio. Desde la calle Balfour, donde se ubica la residencia oficial de Benjamín Netanyahu como primer ministro, hay numerosas razones políticas internas para cumplir su promesa electoral de extender la soberanía a los asentamientos de Cisjordania; y pocas razones para no hacerlo.

Sin ningún impedimento interno real, una fuerte respuesta internacional es una de las pocas cosas que podría obligar al gobierno israelí a pensárselo dos veces antes de anexarse. Como defensor clave de la solución de dos Estados, éste debería ser el momento en que la Unión Europea se oponga a la anexión (junto con las Naciones Unidas y la Liga de los Estados Árabes).

Hasta ahora, sin embargo, las apagadas y divididas advertencias europeas han sido desechadas por los partidarios de las políticas de Ocupación. Si bien una abrumadora mayoría de los Estados miembros de la UE se opone a la anexión y considera que debería haber algunas consecuencias, ha habido desacuerdos internos sobre el momento de las advertencias de la UE, y algunos han querido dar tiempo al nuevo gobierno para demostrar sus intenciones. Y luego está el viejo tema de Hungría, que sigue rechazando casi todas las medidas que desagradan a Israel.

Frente a una administración estadounidense, cuyo entusiasmo por la anexión parece superar al de Netanyahu, y muy absorta en sus propios esfuerzos de creación de consenso interno, la UE podría encontrar que cualquier medida que tome se arriesga a ser demasiado poco, demasiado tarde.

La anexión -ya sea que comience con un bloque de asentamientos o con la mayor parte de la Zona C- cruzará un umbral que será casi imposible de revertir. Las plenas repercusiones que tal movimiento desencadenará pueden ser lentas en llegar, pero son reales. Esto pondrá en tela de juicio la credibilidad y la pertinencia de la UE. También socavará los fundamentos del orden internacional basado en normas – en particular, la prohibición de la adquisición de territorio por la fuerza -. La desaparición formal del proceso de paz de dos Estados configurado en Oslo -que ha estado moribundo durante años- también enfrentará a israelíes y palestinos con una realidad de un solo Estado en el que los palestinos viven bajo un sistema de apartheid cada vez más explícito.

La UE y sus Estados miembros deberían hacer una reflexión sobre sí mismos, y hacerlo con una gran dosis de humildad.

Al comenzar un nuevo capítulo en el conflicto israelí-palestino, habrá muchas preguntas y pocas respuestas. ¿Debería ser el nuevo objetivo político la creación de un Estado binacional y democrático que abarque a Israel, Cisjordania y Gaza? ¿Cuáles son las implicaciones para la Autoridad Palestina (AP) y el Estado de Palestina? ¿Cómo se deberían remodelar la diplomacia y la financiación internacionales?

A la hora de decidir el futuro de su derecho a la autodeterminación, reconocido internacionalmente, tendrán que ser los propios palestinos los que den las primeras respuestas a estas preguntas. Ciertamente, muchos palestinos ya han tenido este debate durante los últimos años. Pero llegar a una nueva estrategia que pueda movilizar todo el peso del movimiento nacional palestino no será instantáneo.

La UE y sus estados miembros deberían usar este tiempo para comprometerse en su propia auto-reflexión. Y deberían hacerlo con una gran dosis de humildad. Después de todo, es Europa, junto con Estados Unidos, la que ha sido la principal defensora del paradigma de los dos Estados, luchando por sucesivas concesiones de la Organización para la Liberación de Palestina para apoyar esta idea, sin hacer nunca lo suficiente por sí misma para hacerla realidad. Esto incluye su completa falta de voluntad de enfrentarse seriamente a las acciones internacionalmente ilícitas de Israel o incluso reconocer el Estado de Palestina (con la honorable excepción de Suecia).

La consecuencia de la aquiescencia internacional al voraz proyecto de asentamientos de Israel ha sido abandonar a los palestinos y encerrarlos de manera efectiva en cantones desconectados controlados por Israel en Gaza y la Ribera Occidental. En lugar del Estado independiente y viable que se les había prometido, los palestinos deben ahora luchar contra el apartheid. Esto es en parte obra de Europa.

Frente a la consolidación de una realidad de un solo estado, la UE debe reconocer que la lógica de dos estados que ha apuntalado sus propias políticas durante las últimas tres décadas puede que ya no se mantenga. Como primer paso, la UE debe iniciar una amplia revisión de políticas que considere las implicaciones que la anexión y la desaparición de la solución de dos Estados configurada en Oslo tendrá en las relaciones con Israel, la OLP/Autoridad Palestina y su esfuerzo global de pacificación.

Al hacerlo, los funcionarios europeos deben evitar mirar atrás a lo que fue antes con cariño y nostalgia. En su lugar, deberían poner la preservación de las normas internacionales y las propias leyes de la UE en el centro de una nueva política post-anexión.

De manera más inmediata, e inevitable, la anexión tendrá el mayor efecto en las relaciones con Israel. La completa supresión de la Línea Verde anterior a junio de 1967 y la absorción de jure por parte de Israel del territorio de Cisjordania y sus asentamientos corre el riesgo de obstaculizar gravemente las relaciones bilaterales, en particular, pero no exclusivamente, en la esfera económica, dado el compromiso de la UE de distinguir entre Israel y los asentamientos, y el no reconocimiento de la soberanía israelí sobre el territorio palestino ocupado.

La respuesta de la UE y sus Estados miembros a este desafío será aplicar la resolución 2334 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas- que hace mención a la situación de los asentamientos ilegales israelíes en los Territorios Palestinos Ocupados desde 1967, incluyendo Jerusalén Este- profundizando y endureciendo las medidas de diferenciación contra los asentamientos israelíes. Esto podría incluir el fortalecimiento de las directrices financieras de la UE, la restricción de los productos de los asentamientos israelíes, pero también extenderse a otras áreas, como la seguridad social, la fiscalidad y los servicios consulares. Mucho de esto puede hacerse sin necesidad de una nueva decisión del Consejo Europeo.

La desaparición de la solución de los dos Estados y el surgimiento de una situación de apartheid reconocida internacionalmente tendrán repercusiones más profundas a largo plazo, amenazando todo el edificio de la relación de la UE con Israel.

Es poco probable que la UE pueda firmar nuevos acuerdos con Israel debido a la oposición de al menos algunos Estados miembros (ya que se requiere la unanimidad) y en el seno del Parlamento Europeo. Se pondrán sobre la mesa otros aspectos de las relaciones entre la UE e Israel: desde el Acuerdo de Asociación y los acuerdos comerciales existentes, hasta los programas de cooperación (como Horizonte Europa) y la financiación a través del Instrumento Europeo de Vecindad.

Además de estas complejidades, los gobiernos europeos tendrán que sopesar las relaciones con Israel con su deseo de defender una arquitectura internacional más amplia y su prohibición de la adquisición de territorio por la fuerza. Esas consideraciones son particularmente importantes entre los miembros orientales -tradicionalmente más partidarios de Israel- dada su preocupación que una respuesta débil a la anexión de Israel pueda enviar una señal problemática a Rusia, que temen que albergue mayores ambiciones territoriales. En este contexto, algunos Estados miembros impulsarán sin duda el tipo de medidas promulgadas tras la anexión de Crimea por parte de Rusia.

Además de todo esto, las relaciones de la UE con los palestinos tendrán que ser recalibradas. La desaparición de la solución de los dos Estados (y un cambio gradual del movimiento nacional palestino hacia las estrategias de un solo Estado) pondrá en duda la lógica de la financiación de la UE para la construcción del Estado palestino, encarnada por la AP. Será necesario seguir reflexionando sobre esto.

Pero una respuesta podría ser dirigir la financiación adicional hacia los esfuerzos en curso para ayudar a mantener la presencia política, cultural y social palestina sobre el terreno. La UE también podría considerar la posibilidad de apoyar la sociedad civil palestina, centrándose en las comunidades juveniles no violentas y las estructuras de liderazgo.

Sin embargo, lo más importante es que la UE y sus Estados miembros tengan claro que si la solución de dos Estados ya no es una opción viable, la única alternativa aceptable para lograr la igualdad de derechos para ambos pueblos será un Estado binacional. Esto significa rechazar inequívocamente la consolidación de la realidad de un solo Estado de ocupación abierta y de derechos desiguales para los palestinos – para usar la propia jerga de la UE.

Por: Hugh Lovatt, becario de política del programa de Medio Oriente y África del Norte del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores.

Fuente: Consejo Europeo de Relaciones Exteriores

Traducción y Edición: Comunidad Palestina de Chile