Opinión: Joven palestina, torturada en una cárcel israelí condenada a 16 meses de presidio

Mays Abu Gosh, estudiante de último año de periodismo en la Universidad de Birzeit (situada a unos 15 kilómetros de Jerusalén), ha sido condenada a 16 meses de cárcel por exigir el fin del “apartheid” y contactar virtualmente con “los enemigos” de Israel que exigen el regreso al país de los refugiados palestinos, unos siete millones, de los cuales 3,5 viven en Jordania y el resto repartidos entre varios continentes.

La sentencia, pronunciada el pasado 3 de mayo por el Tribunal Militar de Ofer, “aunque por el coronavirus se ha dado a conocer ahora”, tiene efecto a partir del día en el que fue arrestada, el 29 de agosto de 2019, por lo que la chica permanecerá entre rejas hasta febrero del 2021.

El juez castrense “halló culpable” a Mays de dos cargos que presentó la fiscalía: primero, “su pertenencia a una asociación ilegal, la Unión de Estudiantes Democráticos, y su activismo político en la universidad de Birzeit; y segundo, su participación en un encuentro virtual con “un partido enemigo” y en otro “on line” con Hezbollah durante la conferencia sobre el derecho palestino al retorno que tuvo lugar en Beirut en 2018.

El abogado defensor de Mays Abu Gosh, arguyó a su favor que la chica fue brutalmente torturada y que podría demostrarlo enseñando las heridas que todavía tiene en la espalda. Al haber una violación flagrante de los Derechos Humanos, pidió benevolencia para la joven.  Sin embargo, el juez militar desestimó las alegaciones -como si el asunto de los DDHH nada tuvieran que ver con Israel- y ordenó su reingreso en la prisión de Damon, donde deberá cumplir el resto de la condena.

Mays Abu Gosh había informado también a su defensor que los “interrogadores” le habían arrojado una enorme rata en su celda para aterrorizarla, que no la permitían ir al baño y que permanentemente fue vejada, golpeada y ridiculizada, lo que es habitual con las chicas y mujeres palestinas que pasan por las cárceles israelíes.

El espantoso relato de Mays Abu Gosh, de 22 años, se remonta al verano pasado. Su detención y posterior tortura tuvo lugar en su casa del campamento de refugiados de Qalandia, al norte de Jerusalén Ocupado.

“El 29 de agosto de 2019 su vivienda fue allanada por soldados israelíes, que destruyeron las puertas, los muebles y todo lo que encontraron a su paso. La chica fue atada con los ojos vendados y luego trasladada a una institución militar cercana, donde fue insultada y golpeada. Las heridas que dejaron en su cuerpo son de una extrema crueldad”, informaron testigos del hecho.

Luego fue trasladada para su interrogatorio al centro de  “Al Maskoubiya”, tristemente célebre por sus métodos espurios, “donde fue obligada a desnudarse para ser cacheteada”.

“Durante los tres días que pasó allí, (varias veces) fue amarrada de pies y manos y colgada de unas vigas (tortura conocida como El Fantasma y el Plátano), para que mantuviera los brazos extendidos como los “fantasmas” y el cuerpo curvado “como un plátano”. Fue golpeada, abofeteada y privada del sueño”.

Al parecer, en un momento de descuido Mays intentó escapar de aquellas vejaciones, pero “los investigadores la atraparon y la obligaron a sentarse en una de las esquinas de su celda”.

“Allí el castigo fue horrible. La golpearon su cabeza contra la pared. La dieron fuertes patadas y puñetazos. Los agresores, a pesar de los gritos que daba Mais, se dedicaron a hacer obscenidades. Además, los torturadores llevaron ante su presencia a un hermano y a sus padres para chantajearla y obligarla a confesar delitos que no había cometido”, continúa relatando una fuente al interior del recinto.

El chantaje, la amenaza de encarcelar o matar a los familiares o amigos, es algo habitual en las cárceles israelíes, según declaró a la prensa la activista Ahed Tamimi, quien pasó ocho meses en prisión tras abofetear a un soldado israelí inmediatamente después de enterarse de que los ocupantes habían disparado a bocajarro en la cara a un primo suyo, menor de edad, que actualmente sufre una grave deformación craneal.

“La chica que vale más que mil hombres”, como la definieron en su día los medios, actualmente estudia derecho para defender la causa palestina en los tribunales internacionales.

En las cárceles israelíes hay unos 6.500 presos palestinos, de los que unos 400 son mujeres y menores de edad, según organizaciones como Amnistía Internacional.

La sentencia contra Mays Abu Gush coincide con el juicio por corrupción que se inició el pasado domingo contra el primer ministro israelí, el ultraderechista Benjamín Netanyahu que, según los expertos, podría alargarse durante varios años.

Netanyahu, con el respaldo y empuje de Donald Trump ha trasladado la capital de Israel de Tel Aviv a Jerusalén (donde en la parte Este los palestinos aspiraban a establecer la suya) y ya tiene una fría y definida hoja de ruta para anexionarse gran parte de la Cisjordania ocupada desde 1967 (Judea y Samaria para los judíos, y un regalo que les hizo Dios según los ultraortodoxos.

A cambio, el poderoso lobby judío AIPAC (American Israel Public Affairs Committee), considerado el grupo de presión más influyente de Estados Unidos, brindará su apoyo a Trump para que sea reelegido presidente en noviembre de 2020 “el homúnculo que recomienda inyectarse cloro en los pulmones” para matar al Covid-19.

Por: Javier Cortines

Fuente: Tercerainformación