Opinión | Jerusalén desde una perspectiva cristiana

Es la ciudad del templo, la Cruz, la resurrección, Pentecostés, la iglesia originaria, y la ciudad celestial que viene de lo alto. Consideren a Jerusalén desde una perspectiva cristiana palestina en diálogo con el Antiguo y el Nuevo Testamento.

Primero: Jerusalén es la ciudad del templo

En el Antiguo Testamento, Dios quiso vivir en medio del pueblo elegido. Dios, el liberador, intervino para liberar al pueblo de la esclavitud de los faraones, condujo a Su pueblo a través del desierto y apareció en medio de ellos en la tienda del encuentro. Muchos años más tarde, en tiempos del Rey Salomón, se construyó un templo para reemplazar a la tienda. El templo se construyó en Jerusalén; se convirtió en la casa de Dios.

Así es cómo empezó a crecer el significado religioso de Jerusalén. La santidad de Jerusalén estaba unida a Dios Todopoderoso. El templo se convirtió en un lugar de perdón, donde se realizaban sacrificios a Dios. El templo comenzó a dar forma a la identidad del pueblo, el pueblo de la promesa. A medida que evolucionaba la teología del templo, leemos cómo el Profeta Isaías une el templo a la paz que prevalece en el mundo; declara a Jerusalén la ciudad de la paz y la luz divina (Is. 2).

El Profeta Isaías tuvo una visión del fin del mal y relaciona Jerusalén con la justicia, llamándola “ciudad de justicia”. (Is. 1:26) Debido a la maldad del pueblo del Antiguo Testamento, Dios envió a los asirios quienes destruyeron Samaria en el 722 AC, y luego, a los babilonios, quienes destruyeron el templo el 586 AC. Se reconstruyó el tempo cuando el pueblo fue liberado de su exilio. El nombre de Jerusalén estaba vinculado a la esperanza. Hombres y mujeres esperaban por el reino divino que transformaría a Jerusalén en una capital de paz y justicia para toda la tierra.

Segundo: Jerusalén es la ciudad de la Cruz

Jesucristo vino de niño al templo de Jerusalén con una declaración revolucionaria, explicando que el futuro de Jerusalén estaba unido a Él personalmente

Él es el templo en el que habita Dios. Él es la fuente, el rey de paz y justicia, el atar y el sacrificio, el camino de perdón. El Señor purificó el templo y amenazó las ideologías que buscan usar la religión para diseminar racismos y un sentido de superioridad. Esto hizo caer sobre Él la hostilidad de los líderes religiosos judíos de Jerusalén. La conspiración siguió desarrollándose; se emitió una sentencia de muerte contra el Dios de la paz.

El liderazgo religioso de Jerusalén y sus autoridades políticas se convirtieron en enemigos de Dios y Su Cristo. Roma quería la paz de los cobardes, una paz que genera un mundo de amos y esclavos. Roma quería silenciar la voz de la verdad, la conciencia y la justicia divina, para reemplazarlas por la humillación de los pueblos. Así, Jerusalén se convirtió en la ciudad de la Cruz. Se convirtió en una ciudad donde se levanta el sonido del perdón, la voz de la paz y la conciencia. Jerusalén se convirtió en una ciudad donde la violencia queda expuesta por el poder del amor.

Tercero: Jerusalén es la ciudad de la resurrección

Ellos arrestaron a Jesús, lo torturaron y crucificaron, y le quitaron su vida. Sin embargo, no pudieron silenciar al Señor. Sus palabras resuenan en el horizonte, como el trueno que espanta al mal, como un susurro que penetra en los corazones. Cuando la desesperación y la injusticia se extendieron, prevaleció el saqueo y los líderes religiosos y políticos se corrompieron. La tierra tembló en Jerusalén. Justo cuando el demonio creyó que los reinos del mundo estaban bajo su control, la tumba de Jesús se abrió para revelar que Jesús ya no estaba allí, porque Él había Resucitado. Mediante la resurrección de Jesús, somos testigos de la victoria de la verdad y el triunfo de la justicia. Dios hizo a Jerusalén la ciudad de la resurrección de un mondo de amor, paz y justicia. Es la verdadera esencia de la Biblia.

Cuarto: Jerusalén es la ciudad del Pentecostés

Dios Hijo fue crucificado y resucitó de la muerte en Jerusalén. Ahora, Dios Espíritu Santo apareció en ella. Cincuenta días después de Su resurrección, los discípulos de Jesús estaban en la ciudad esperando que el poder de Dios esparciera el bien en un mundo de oscuridad. “Lenguas de fuego” aparecieron y Dios reunión a los puros de corazón de todas las naciones en Jerusalén y derramó sobre ellos Su Santo Espíritu. Así, el nombre de Jerusalén quedó unido al cambio del destino de la humanidad, haciendo de la Iglesia el hogar del Espíritu Santo. La iglesia enfrentó la pobreza, la injusticia política y las herejías religiosas por el poder del Espíritu de Dios. Luego de la confusión de las lenguas y los idiomas en Babel, como describe el Antiguo Testamento, vemos a las naciones y pueblos de la tierra unidos mediante el Santo Espíritu de Dios, que descendió sobre seres humanos. Comienza una nueva era con una visión amplia, que nos lleva a nuestra comprensión de Jerusalén como la madre.

Quinto: Jerusalén es el hogar de la Madre Iglesia

El Antiguo Testamento habla de Jerusalén como la madre y la llama Zión. Zión se convirtió en la madre de amor, paz, igualdad y justicia. Jerusalén es más que simplemente un lugar; es una teología. La Madre Iglesia nació en Jerusalén y de ella evolucionaron todas las iglesias en el mundo. Jerusalén se convirtió en la ciudad de los misioneros que diseminan la buena nueva. Jerusalén se convirtió en la ciudad de la iglesia unida. La primera Asamblea de la Iglesia (Hechos 15) se reunió en Jerusalén, y durante ella la iglesia afirmó su identidad y su apertura, incluyendo así a personas de todas las razas y colores. Jerusalén se convirtió en el hogar ecuménico del pueblo del Nuevo Testamento. La ciudad se convirtió en el vibrante corazón para la difusión de la misión de Jesús.

Sexto: Jerusalén es el heraldo de la Ciudad Dorada

El sueño de Jerusalén no terminó, sino que se asoció a la Ciudad Dorada que descendería del cielo. Es la Ciudad Santa en la cual no existen muerte, lágrimas, tristeza ni lamentos de dolor. Es testigo de la alegría del cielo. Por lo tanto, vemos que Jerusalén es lo opuesto de Babel, lo opuesto de Roma en el Apocalipsis. Es el lugar de la santidad y el lugar de la presencia de Dios.

Por último, séptimo: la vida actual en Jerusalén es dolorosa

Debido a la injusticia, el mal y el alejamiento de la humanidad de los valores de amor y justicia que diseminó nuestro Señor Jesucristo, Jerusalén sufre. El camino de vuelta a Jerusalén consiste en rendirse a Dios- aferrarse a su amor, aceptar Su perdón, diseminar la justicia y la paz y luchar contra toda forma de injusticia y mal. El mensaje de Jerusalén se basa en el mensaje de su Iglesia, y en la manifestación de la Biblia en la identidad de sus hijos.

Por: Rev. Yahanna Katanacho, palestino cristiano evangélico, es Decano Académico del Nazareth Evangelical College

Fuente: http://www.kairospalestine.ps/