Opinión : Israel y la anexión de los acuíferos palestinos

La semana pasada, la Autoridad Palestina criticó a Israel por reducir significativamente la cantidad de agua asignada a Cisjordania. “Estamos enfrentando esta crisis entrando en la temporada de verano, una época del año en que las personas generalmente necesitan más agua”, dijo el ministro palestino del Agua, Mazen Ghneim.

En mi vecindario en Ramallah, todos los años durante los meses de verano, apenas tenemos agua en las tuberías. El agua corre solo un día a la semana. Por lo tanto, todos los hogares deben seguir el cronograma de distribución de agua para planificar sus actividades domésticas, como lavar la ropa y limpiar la casa. 

Algunas comunidades palestinas en Cisjordania están vinculadas a redes de agua “conjuntas” que sirven a colonos israelíes ilegales. Durante los meses más secos del verano, las autoridades israelíes cierran de manera rutinaria las válvulas de agua que conducen a las comunidades palestinas adyacentes, para que los colonos no sufran escasez de agua.

La escasez de agua en los territorios palestinos no es una crisis hídrica relacionada con la naturaleza, sino el resultado de la ocupación israelí que explota más del 85% de los recursos hídricos.

Hechos y cifras

Israel controla los tres principales acuíferos transfronterizos en los territorios palestinos ocupados. El primero y más grande es el acuífero de Cisjordania que se alimenta de lluvia y genera 679 millones de metros cúbicos de agua por año (mmc). El segundo es el río Jordán, que proporciona a Israel unos 450 mmc. A los palestinos se les niega el acceso y el suministro de agua. El tercero es el acuífero costero que genera 450 mmc de agua para Israel y 55 mmc para Gaza.

Palestina tiene una buena tasa de precipitación. Ramallah, por ejemplo, tiene un promedio anual de precipitaciones de 615 milímetros, casi tanto como Londres con 620 mm.

Según un informe de la Autoridad del Agua de Palestina publicado en 2012, se estima que alrededor de 784 mm de lluvia han recargado los sistemas de agua subterránea en Cisjordania y la Franja de Gaza. Sin embargo, a los palestinos se les asigna solo 375 mmc de ese agua subterránea, mientras que Israel utiliza 2,346 mmc anualmente.

Los Acuerdo de Oslo

El problema del agua comenzó desde la ocupación israelí de Palestina, pero se exacerbó con el acuerdo provisional de Oslo II entre la OLP y el gobierno israelí en 1995.

Los Acuerdos de Oslo estipularon “la utilización equitativa de los recursos hídricos conjuntos para su implementación dentro y más allá del período intermedio”. Pero en realidad, esto nunca ha sucedido.

El acuerdo, que se suponía como un período intermedio de cinco años, limitaba el desarrollo de los recursos hídricos palestinos y se enmarcaba en el supuesto de que las necesidades de agua palestinas eran de 70–80 mmc por año y que el desarrollo provisional del agua debía gestionarse a través de un mecanismo Palestino-Israelí (conjunto). Los temas de “interés común” (el agua es uno) se delinearían más en las negociaciones de estatus permanente.

La imposibilidad de llegar a un acuerdo permanente ha significado la distribución desigual de los recursos de agua subterránea de Cisjordania con un 15% asignado a los palestinos y un 85% a Israel.

Como se indica en los Acuerdos de Oslo, se estableció un Comité Conjunto del Agua (JWC por sus siglas en inglés) para supervisar todos los proyectos relacionados con el agua y las aguas residuales en Cisjordania. JWC está compuesto por un número igual de representantes de Israel y la Autoridad Palestina, respectivamente, y las decisiones se toman por consenso. 

Esto le dio a Israel un poder de veto sobre todos los proyectos de recursos hídricos palestinos y bloqueó cualquier solicitud de los palestinos para perforar un nuevo pozo. Los pozos construidos o rehabilitados sin permisos emitidos por Israel son sistemáticamente destruidos por las fuerzas de ocupación israelíes.

Apartheid del Agua

Mientras las comunidades palestinas enfrentan sequía y escasez de agua, los asentamientos israelíes, ubicados en la misma área geográfica, disfrutan de una gran cantidad de suministros de agua, lo que permite a los colonos llenar sus piscinas e irrigar sus jardines y campos. La falta de acceso a las cantidades adecuadas de agua necesarias para el pastoreo del ganado y la producción de alimentos deja a los beduinos, propietarios de ganado y agricultores particularmente vulnerables.

Los asentamientos agrícolas israelíes en Cisjordania, particularmente aquellos en el Valle del Jordán, disfrutan hasta 6 veces la cantidad de agua de las comunidades palestinas cercanas. En la ciudad palestina de Tubas, la tasa de consumo es de 30 litros por persona por día. Sin embargo, los residentes del asentamiento israelí ilegal cercano de Beda’ot consumen alrededor de 401 litros por día, según B’Tselem.

La hidrohegemonía israelí ha dejado a los palestinos con un déficit presupuestario de agua. Se han visto obligados a comprar a Israel alrededor de una cuarta parte del suministro de agua doméstica para compensar este déficit.

Según la Oficina de Estadística de Palestina, la tasa diaria de consumo de agua per cápita es de alrededor de 88 litros. En comparación, el consumo diario de agua per cápita en Israel es de 257 litros. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda como mínimo 100 litros de agua per cápita por día. El consumo palestino es inferior al mínimo.

En la Franja de Gaza, la situación del agua es aún peor. La grave falta de agua causada por el brutal bloqueo israelí desde 2007, ha llevado a una gran dependencia de la porción subyacente del acuífero costero como el único suministro de agua el enclave.

Más Anexión

Israel está controlando las dos fuentes de recursos hídricos palestinos en Cisjordania (la cuenca del río Jordán en el este y el acuífero occidental de las montañas) que abastecen a Israel con unos 900 millones de metros cúbicos de agua al año.

A través de la anexión de las áreas de Cisjordania que se espera este verano, Israel apunta a mantener los acuíferos ubicados ahí detrás de las nuevas fronteras israelíes manteniendo el control de los bloques de asentamiento adyacentes a las cuencas, en particular, el Valle del Jordán y el área de Salfit donde mi ciudad natal de Qira se encuentra.

Esa anexión perpetuará los altos niveles de consumo de agua de Israel mientras niega las necesidades básicas palestinas y obligará a los palestinos a depender de Israel para obtener agua, preservando así el status quo de una dramática división injusta de los recursos hídricos, atenuando cualquier esperanza de un estado palestino viable y la paz en la región.

Por: Fareed Taamallah es un periodista palestino, agricultor y un activista político con sede en Ramallah. 

Fuente: Diario Sirio Libanés

Edición: Comunidad Palestina de Chile