Opinión: George Floyd y el levantamiento: Cómo Israel contribuye a la militarización de la policía estadounidense

Un mural en honor a George Floyd, asesinado por un oficial de policía en Minneapolis

En su último libro, “La libertad es una lucha constante”: Ferguson, Palestine, and the Foundations of a Movement” (2016), Angela Davis sitúa a Palestina en el centro de un discurso globalizado de liberación. Sus palabras son más importantes ahora más que nunca ya que los activistas se están levantando en una Primavera Americana después del asesinato de George Floyd por la policía de Minneapolis.

Mientras los palestinos vuelven a twittear a sus compatriotas americanos sugerencias sobre cómo tratar con el gas lacrimógeno, los vínculos entre los dos países no podrían ser más estrechos de lo que son ahora.

Mucho antes de la creación del estado de Israel, este país, junto con su fuerza policial, era un estado genocida y racista. De hecho, según una declaración conjunta escrita por la Alianza de Acción de los Pueblos y el Partido Revolucionario de Todos los Pueblos Africanos Nuevo México, la moderna institución policial se originó en las patrullas de esclavos y las milicias de colonos de los siglos XVIII y XIX. En la actualidad continúan con esta tradición de “controlar, criminalizar y brutalizar a los pueblos africanos e indígenas en tierras robadas”.

No obstante, como señala Miko Peled, tanto Israel como los Estados Unidos se fundaron sobre los mismos principios, por lo que “no debe sorprender que existan buenas relaciones entre” los dos países, incluido el intercambio de fuerzas de seguridad.

Como informó Nora Barrows Friedman, el año pasado, el sheriff del condado de Anoka (Minneapolis septentrional), James Stuart, viajó a Israel para aprender técnicas de “antiterrorismo”, patrocinadas por el grupo de presión israelí Jewish Institute for National Security of America (JINSA). Desde el inicio del Programa de Seguridad Nacional de JINSA, poco después del 11 de septiembre, el grupo ha enviado a más de 200 efectivos de las fuerzas del orden a Israel para su entrenamiento.

Para los palestinos que viven bajo la ocupación israelí, lo que ha sucedido en los Estados Unidos más recientemente es algo cotidiano. Debido a lo que la organización Voz Judía por la Paz ha llamado Intercambio Mortal, hay una colaboración, escribe Peled, entre “los dos estados racistas que no ven ningún problema en ejecutar y ver la lenta y agonizante muerte de personas negras y morenas”.

Tiene sentido, pues, que los palestinos reconozcan la técnica de estrangulamiento que dio lugar a la muerte de Floyd, ya que los israelíes utilizan métodos similares. Además, la militarización de la policía americana viene directamente del manual israelí. Las prácticas que se han visto en los últimos días utilizadas contra los manifestantes son las que utilizan las fuerzas israelíes a menudo sin más motivo que la intimidación.

En una carta abierta a Jacob Frey, William Cook implora al alcalde de Minneapolis “que no aprenda de Israel”, es decir, que ponga fin al programa que envía a la policía al estado sionista para su entrenamiento. De hecho, 33 estados, incluyendo Minnesota, han participado en tales programas de intercambio.

¿Acabaría la violencia policial si ya no se entrenaran en Israel? “Un estado extranjero que entrena a nuestra policía no está en sintonía con los principios de la democracia americana”, escribe Cook, “y cómo se determina el comportamiento de la policía”. En su lugar, recomienda una formación en diversidad que incluya una historia de la trata de esclavos así como el Destino Manifiesto.

Como respuesta, la organizadora de la Nación Roja, Justine Teba, Santa y Taos Pueblo, explica que “la policía no es un individuo. Son una institución, una institución racista y genocida”. Por lo tanto, no se pueden reformar los departamentos de policía, como sugiere Cook, porque la propia institución tiene la culpa. “Los únicos buenos policías son los que ya no son policías”, concluye Teba, por la razón que sea.

En una línea similar, Ajama Baraka, ex candidato a vicepresidente del Partido Verde y miembro de la Alianza Negra para la Paz, explica que “el enemigo sabe adaptarse rápidamente en la lucha ideológica”, en particular, “manteniendo el enfoque en el individuo y pidiendo ‘justicia’ para ese individuo para evitar que se preste atención a los elementos sistémicos y duraderos de la opresión colonizada por los negros y los pardos”. En resumen, pedir la reforma de la policía es tan efectivo como pedir la reforma del estado sionista, ambas entidades tan plagadas de racismo que el cambio desde dentro es imposible.

Debido a que ella misma fue una vez una prisionera política, Angela Davis apoya el trabajo de los abolicionistas de las prisiones, aquellos que se oponen al “papel general del sistema penitenciario, especialmente su clase y carácter racial”.

También pide que los movimientos mundiales de solidaridad defiendan los derechos de los prisioneros políticos, en particular de los palestinos encarcelados en la detención administrativa de Israel.

“El llamado a la abolición de las prisiones nos insta a imaginar y luchar por un paisaje social diferente”, escribe Davis. Como primer paso, tal vez pedir el fin de la formación de la policía en Israel sea una pieza del rompecabezas si se coloca en un contexto más amplio.

Por ejemplo, en una declaración a la Mayoría Democrática de Israel, Joe Biden relata que “la relación entre Israel y los Estados Unidos no tiene que ver con las armas y la asistencia de seguridad” (aunque por supuesto que sí). Continúa calificando que “se trata del alma compartida que une a nuestros países, generación tras generación”.

Suponiendo que un Estado colonial tiene alma, la declaración de Biden es ominosa, porque vincula no sólo los valores fundacionales de nuestros países con los de Israel, sino también su futuro, una perspectiva que parece empapada de aún más sangre.

Por ejemplo, en un reciente tweet comentando sobre el entrenamiento de la policía, Joe Biden dijo “que en lugar de quedarse ahí y enseñar a un policía cuando hay una persona desarmada que se le acerca con un cuchillo o algo para dispararle en la pierna en lugar del corazón es algo muy diferente”.

Seguramente Biden sabe que los francotiradores fueron instruidos para disparar a las rodillas de los palestinos que participan en la Gran Marcha del Regreso. Según Dania Akkad, los soldados israelíes crearon intencionadamente una “generación de jóvenes discapacitados” y en el proceso pueden haber cometido crímenes de guerra.

No es suficiente con desfinanciar el Intercambio Mortal; la cultura entera de ambos países tiene que ser reensamblada. El desmantelamiento del Estado sionista, utilizando el modelo de la Fundación One State como guía, la descolonización de los Estados Unidos, utilizando el proyecto de la Nación Roja como norma, ambos conducen al “paisaje social diferente” previsto por Davis en su declaración.

Si Angela Davis insiste en que pongamos a Palestina en el centro de nuestro discurso, es más crítico ahora que nunca que lo hagamos. Esto es particularmente cierto para los judíos americanos que piden justicia para George Floyd. Si sus demandas no son también por una Palestina libre, entonces su compromiso con la justicia social se queda corto.

“La historia no es algo del pasado”, escribe Teba, “porque se hace aquí y ahora, SIEMPRE pregúntate, ¿de qué lado de la historia estarás?”

Por: Benay Blend, es doctor en Estudios Americanos en la Universidad de Nuevo México. Sus trabajos académicos incluyen “Ni la patria ni el exilio son palabras: Conocimiento situado en las obras de escritores palestinos e indígenas americanos”.

Fuente: Palestine Chronicle

Traducción y Edición: Comunidad Palestina de Chile