Opinión | El Genocidio Cultural en Jerusalén

El pasado 22 de julio de 2020, las Fuerzas de Ocupación israelíes arrestaron a Rania Elias, directora del Centro Cultural Yabous, a su esposo Suheil Khoury, director del Conservatorio Nacional de Música Edward Said, y a Daoud Ghoul, director de la Red de Artes de Jerusalén.

Los tres son iconos culturales dentro de la comunidad palestina de Jerusalén, que trabajan juntos para apoyar y elevar la danza, la música y el arte palestinos, asegurando que la identidad palestina siga siendo parte del tejido de la ciudad.

El hecho de que Israel se dirija a los centros culturales palestinos no es arbitrario, sino que forma parte de su estrategia para borrar la identidad palestina autóctona de la ciudad. Desde la ocupación ilegal de Jerusalén por parte de Israel en 1967, Israel ha estado involucrado en una guerra demográfica para mantener la mayoría israelí en la ciudad.

En esta guerra Israel se enfrenta a un constante y feroz oponente de los palestinos debido tanto a la firmeza de la comunidad palestina como a las mayores tasas de natalidad de las familias palestinas.

Como respuesta, la guerra de Israel incluye: negar los permisos de construcción de viviendas a los palestinos, demoler las casas palestinas, construir un muro para excluir los barrios palestinos de la ciudad, utilizar métodos burocráticos para expulsar a los palestinos, emplear todo el arsenal del aparato de seguridad israelí y, en ocasiones, asesinarlos. La vida cotidiana de los palestinos en la ciudad es una lucha constante, a pesar de lo cual se mantienen firmes.

Pero la “amenaza” palestina va más allá de su presencia física en la ciudad. La ciudad es intrínsecamente palestina, y su cultura sigue siendo un bastión que Israel no puede simplemente amurallar, remover físicamente y matar.

Y la existencia de la cultura palestina, rica en historia, sigue siendo un recordatorio constante de que son los palestinos los que son indígenas de esta tierra, no Israel.

Como parte del proyecto colonial israelí, los colonos intentan demostrar que ellos son los originarios de la tierra que se están apoderando. Para ello, los colonos deben situar las tradiciones culturales indígenas como históricas, borrar su existencia o apropiarse de ellas (como las reclamaciones de Israel sobre el humus). Este proceso no es exclusivo de Israel, sino que es algo que también ha utilizado Canadá.

Canadá secuestró a niños indígenas y los colocó en internados, prohibiendo su idioma y cualquier práctica cultural mientras abusaba de ellos. Canadá también prohibió los potlaches y los sundances (ceremonias indígenas canadienses), además de otros innumerables mecanismos para borrar la identidad indígena de esta tierra y cometer un genocidio cultural.

El genocidio cultural va de la mano de la colonización de asentamientos y la detención por parte de Israel de Rania, Suheil y Daoud forman parte de este proyecto para borrar la cultura palestina de Jerusalén.

Al igual que en Canadá, la resistencia indígena al genocidio cultural continúa. El Centro Yabous, el Conservatorio Nacional de Música Edward Said y la Red de Artes de Jerusalén lideran esta resistencia en Jerusalén.

En respuesta, la comunidad internacional debe permanecer firme en el llamado al boicot, la desinversión y las sanciones contra las empresas, el gobierno y las instituciones israelíes, incluido el boicot cultural a los artistas israelíes que se benefician de la ocupación en Palestina.

Doce horas después de su arresto, Rania y Suheil fueron liberados. En el momento de la publicación, Daoud permanece en prisión, retenido sin cargos, sin juicio y sin saber cuánto tiempo permanecerá en cautiverio.

Por: Rachelle Friesen, activista de Derechos Humanos

Fuente: Spring Magazine