El asesinato de un hombre autista expuso el problema de la brutalidad policial en Israel

La escuela para discapacitados mentales en la Ciudad Vieja de Jerusalén hizo hincapié en preparar a sus alumnos palestinos para interacciones con la policía israelí. Frecuentemente había ejercicios de juegos de roles: cómo presentar una credencial de identificación; cómo no tener miedo.

Iyad Al Hallaq, un hombre de 31 años con autismo, era un alumno estrella. Pero esas lecciones no lo ayudaron. Cuando unos oficiales le gritaron junto a la antigua Vía Dolorosa el 30 de mayo, huyó. Fue acorralado, y un oficial novato lo mató a tiros.

Con la esperanza de encender un movimiento “Palestinian Lives Matter”, los activistas trataron de vincular el asesinato de Al Hallaq con el de George Floyd en Minneapolis. Desde entonces, la indignación por la brutalidad policial ha crecido después de que unos agentes fueron videograbados golpeando y asfixiando a manifestantes antigubernamentales.

Los fiscales recomendaron que el oficial que mató a tiros a Al Hallaq fuera acusado de homicidio involuntario. Es más probable, afirman los expertos, que la indignación desaparezca, el proceso quede en nada y poco cambie.

Desde al menos los años 70, los esfuerzos por frenar a oficiales israelíes violentos e imponer la rendición de cuentas han fracasado. El resultado es un sistema que a menudo exime a los oficiales de todos los excesos salvo los más irrefutables y públicos, y a veces incluso de esos.

Policías inexpertos suelen ser asignados a puntos calientes, como la Ciudad Vieja de Jerusalén. Foto: Dan Balilty para The New York Times.

La vasta mayoría de las quejas de violencia policial —86 por ciento en el año más reciente para el cual hay estadísticas disponibles— nunca es investigada, de acuerdo con registros del Ministerio de Justicia. Los que sí lo son casi nunca llevan a cargos criminales o siquiera acción disciplinaria.

Los críticos dicen que una cultura de impunidad permea la fuerza policial, particularmente en casos con víctimas minoritarias. Los israelíes de origen etíope, los judíos ultraortodoxos y los activistas de izquierda son victimizados de forma desproporcionada, afirman, mientras que los palestinos reciben el trato más duro.

Los oficiales de policía insisten en que no toleran la brutalidad.

“No conozco a ningún comandante que quiera a un oficial violento en su unidad”, dijo el superintendente en Jefe Arad Braverman, que está al mando de un destacamento de 150 oficiales de la Policía fronteriza en la Ciudad Vieja de Jerusalén.

La policía recibe unas 1.200 quejas de brutalidad al año. Aunque la mayor parte se abandona antes de una investigación, el número de acusaciones formales se desplomó a sólo 8 en 2018, de 44 el año anterior, de acuerdo con los datos más recientes disponibles.

El Departamento de Investigaciones de Mala Conducta Policial puede remitir casos a la fuerza para acción disciplinaria. Pero el número de oficiales que enfrentan tribunales disciplinarios por fuerza excesiva cayó a sólo 7 en 2015 de 86 en 2005, de acuerdo con la auditoría de un contralor en el 2017. Los abogados de las víctimas dicen que la agencia da a los oficiales el beneficio de la duda, o pasa por alto las quejas.

“Hacen lo mínimo de lo mínimo”, expresó Khalil Zaher, abogado de Jerusalén Este con el Comité Público contra la Tortura en Israel.

La rendición de cuentas que sí existe parece requerir evidencia en video incontrovertible: un video de un oficial golpeando a un camionero en Jerusalén Este llevó al despido del oficial. Unos oficiales que fueron grabados golpeando a un hombre palestino afuera de la Ciudad Vieja finalmente fueron acusados.

Pero las cámaras no son una panacea.

Diez cámaras de vigilancia policial cubren el camino que tomó al-Hallaq. Dos cámaras más están enfocadas en el lugar donde cayó. Pero el día anterior, señalaron los fiscales, la grabadora a la cual las cámaras estaban conectadas había sido desenchufada.

La abogada del oficial que mató a Al Hallaq, citando la juventud e inexperiencia de su cliente, expresó confianza de que el caso no prosperará.

Las expresiones vertidas en nuestro portal de noticias no representan necesariamente el pensamiento de la Comunidad Palestina de Chile.

Por: David M. Halbfinger y Adam Rasgon

Fuente: Clarín / The New York International Wekly