Coronavirus muestra la peor cara de la Ocupación y el Apartheid en Palestina

Muro de Apartheid construido en Territorios Palestinos Ocupados

En Palestina, el abordaje de la pandemia no ha suavizado el  régimen de ocupación, por el contrario, lo ha agudizado. La Corte Penal Internacional (CPI) concluyó en diciembre del año pasado que había motivos para iniciar una investigación sobre la actuación de Israel; tanto éste como Estados Unidos han reaccionado de formaba injuriosa contra la CPI.

El 24 de mayo se iniciará el juicio por corrupción contra Netanyahu. A pesar de su condición de encausado, ha accedido al puesto de primer ministro, tras el acuerdo alcanzado con su opositor Beni Gantz.

El 25 de abril se cumplieron 100 años de la Conferencia de San Remo; con tres años de retraso, las potencias occidentales aceptaron  la Declaración de  Balfour mediante la cual Gran Bretaña entregaba el protectorado  a los sionistas.

El pasado 15 de mayo, Palestina ha vuelto a recordar el 72 aniversario de la Nakba. Hoy asistimos a otra nueva traición al pueblo palestino: el gobierno de Netanyahu, -con el beneplácito norteamericano y en base al “Acuerdo del Siglo” con el que casi nadie está de acuerdo – tiene previsto apropiarse de una gran parte de la Cisjordania ocupada.

Mientras tanto, el seguimiento de la pandemia ha vuelto a evidenciar el habitual desinterés por Palestina: las bases mundiales de datos han llegado  hasta el extremo de excluirla de los índices de contaminación. El pueblo palestino, por su parte, está cultivando lo mejor de sí mismo y sacando importantes conclusiones del momento que vive.

Jerusalén  Oriental

Desde el inicio de la crisis sanitaria, los responsables palestinos denunciaron  que la población de Jerusalén Oriental estaba intencionalmente desatendida e desamparada. A primeros de abril se produjeron dos hechos que reavivaron la tensión entre palestinos e israelíes.

Jerusalén, en tierra santa | El Próximo Destino
Al Aqsa, Jerusalén

Por un lado, éstos detuvieron a  Adnan Gheith,  gobernador palestino de la ciudad y a Fadi Al Hadmi, ministro de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) para Asuntos de Jerusalén; por el supuesto delito de ambos: haber organizado labores de desinfección.  

El otro hecho fue el cierre de una clínica improvisada en Silwan, barrio popular de Jerusalén Oriental; en este caso, el pretexto fue que los test de detección se estaban llevando a cabo bajo la supervisión de la ANP. 

En el fondo de ambos atropellos se encuentra  el estatus de Jerusalén: mientras la ANP considera que  puede tomar decisiones sobre la parte oriental de la ciudad,  Israel insiste en que toda la ciudad está bajo su jurisdicción. Desde que Estados Unidos reconoció a Jerusalén como capital de Israel en diciembre de 2017,  las autoridades han acelerado sus esfuerzos para impedir cualquier actuación que conceda visibilidad a los palestinos.  Hoy las conversaciones sobre este tema  están  paralizadas.  

La policía israelí considera como infracción que las autoridades palestinas se reúnan  con directores de hospitales, hablen  con la prensa o  den orientaciones a la ciudadanía para que  se proteja del virus. Adnan Gheith, el gobernador detenido, lo denuncia  sin rodeos: “Israel nos olvida intencionalmente”. 

El arzobispo Atallah Hanna, de la Iglesia Ortodoxa Griega  recordó  al mundo algo evidente: “Los palestinos no son unos invitados en Jerusalén”.

Cisjordania

Cisjordania es para Israel, entre otras cosas, una reserva de mano de obra barata. Casi 200.000 palestinos -muchos de ellos en situación ilegal- se desplazan diariamente para trabajar en Jerusalén o en alguno de los muchos asentamientos ilegales. El 23 de marzo comenzaron  las expulsiones de trabajadores sin realizarles ninguna prueba. 

El Valle del Rio Jordán | La Tierra Santa
Valle del Jordán

Uno de los primeros casos fue el de  Malik Ghanem: los israelíes lo llevaron hasta el checkpoint de Beit Sira y lo dejaron en el  lado palestino, diciéndole: “en Israel no hay sitio para ti”. Tres horas después lo recogió una ambulancia palestina y, tras hacerle las pruebas oportunas, constataron que no estaba infectado.

A 100.000 trabajadores legales les han sido rescindidos los contratos de trabajo sin haberles hecho  ninguna prueba vírica;  los controles de carretera herméticamente cerrados  para los palestinos, privan de los servicios de salud a 80.000 personas. 

Estos mismos controles, sin embargo, están abiertos de par en par a los  colonos de los asentamientos. Estos, con el apoyo de las  patrullas militares,  aprovechan  el confinamiento palestino para destruir olivares, ocupar  tierras que no les pertenecen e imponer el terror. En el pueblo de Beita fue asesinado un adolescente que, junto con su familia, se oponía a uno de estos expolios.

Tanto los militares como los colonos, con la pretensión de intimidar y propagar la epidemia disfrutan escupiendo a las manillas de los coches, de las casas, de los cajeros automáticos.

En un gesto de especial crueldad, el  26 de marzo el ejército israelí llegó a la comunidad palestina de Jirbet Ibziq y destruyó las ocho tiendas de campaña  habían instalado los pobladores: dos para  una elemental clínica de campaña y las otras seis como viviendas de emergencia. B’Tselem (organización israelí de derechos humanos) denunció: “Destruir una iniciativa comunitaria de primeros auxilios durante una crisis sanitaria es un ejemplo especialmente cruel de los abusos habituales”

Gaza

Gaza sufre desde hace 13 años un confinamiento mucho más riguroso que el que estamos viviendo en otras partes del mundo. Su situación habitual  es conocida: hacinamiento que imposibilita la distancia aconsejada, 11 horas de electricidad diaria, agua no apta para el consumo. 

Completamente bloqueada, nadie se mueve sin la autorización israelí;  los gazatíes no pueden ni entrar ni salir para intercambiar productos o adquirir  medicamentos. Sus estructuras sanitarias son escasas y precarias; solo les ofrecieron  realizar test en el laboratorio militar de Tzrifins;  el ejercito israelí  había alcanzado a realizar solamente 100 pruebas cuando Naftali Bennett, el ministro de Defensa de Israel, las prohibió.

Las milicias palestinas de Gaza declaran la tregua con Israel tras ...
Imagen de edificios destruídos en Gaza, tras la agresión de las Fuerzas de Ocupación en 2014

A pesar de que la situación sanitaria es tan delicada, Israel ha continuado con sus agresiones militares: a finales de marzo,  la aviación bombardeó la Franja y, en repetidas ocasiones ha atacado a pescadores mientras trabajaban.  

Desierto del Negev

En el desierto  de Negev viven 45 comunidades  que agrupan  a  75 mil habitantes. Israel mantiene respecto a ellos una política de negligencia, también en lo referente a los  servicios de salud. El pretexto para esta discriminación es que se trata de residentes ilegales; el verdadero motivo,  ahuyentar a los beduinos para apropiarse de las tierras que estos ocupan. Respecto a la pandemia, no se les ha facilitado una información suficiente en árabe ni se han  arbitrado medidas de especial atención.

ISRAEL: Qué secretos guarda el desierto del Neguev | Espíritu Viajero
Desierto del Negev

Reacción palestina

En el momento actual, Palestina  busca autoprotegerse de la pandemia y de la incesante ocupación. La tensión y la resistencia crecen a medida que se dan pasos hacia la nueva ocupación de Cisjordania. El tiempo de virus y la madura conciencia de este pueblo les han  reafirmado en tres  convicciones muy arraigadas:

  • El coronavirus puede tener cura pero el racismo no. El apartheid  sionista, también ante esta circunstancia, está dando un tratamiento  sanitario  marginal a la población palestina. Israel es el Estado del pueblo judío y la  población palestina no forma parte de él. Ésta tiene que enfrentar  simultáneamente tres epidemias: Covid-19, la ocupación y el racismo.
  • Palestina está echando mano del recurso que mejor controla: la solidaridad mutua como rasgo fundamental de su identidad colectiva. Dimensión que ha ido cultivando a lo largo de su dura historia, está acostumbrada a vivir con menos y a ayudar a las personas que se encuentran en situación de necesidad.
  • A partir de las conclusiones anteriores: Palestina hace una lectura política con alcance de futuro: Tiene que crear sus  propias instituciones,  luchar por lo que necesita y confiar, ante todo, en ella misma.  Una vez más, está experimentando contra viento y marea, la fortaleza de la que es capaz.

Fuente: Comunidad Palestina de Chile