Colonos israelíes tratan a diario de expulsar a los palestinos de Battir

Imagen del Valle de Battir, Palestina

Khaled y Miriam Muammar viven en Battir, una aldea agrícola en la Ribera Occidental Ocupada, justo al sur de Jerusalén. Khaled trabaja en la construcción y Miriam en el campo familiar, donde cultiva berenjenas, por la que se conoce a la localidad, que fue inscrita en la lista de Patrimonio Mundial y Patrimonio Mundial en Peligro de la UNESCO en 2014. “Cada berenjena mide 40 centímetros. Son enormes. El mundo entero las quiere”, dice Khaled.

Hace un mes, cuando Miriam llegó para trabajar en sus tierras, vio algo que la hizo dar la vuelta y regresar a casa: ocho colonos israelíes armados y un perro de raza Doberman caminaban por su campo. Construyeron una tienda de campaña en un terreno cercano perteneciente a Ghassan Alyan, residente de Battir, donde ataron sus ovejas y se quedaron hasta el atardecer antes de irse.

“Esto es lo que han estado haciendo durante un mes, un grupo de colonos, varias veces a la semana”, dice Alyan. “Tengo una cisterna de la que bebo. Uno de los colonos rutinariamente se desnuda y se sube a la cisterna para nadar en ella”.

“Si te diera un vaso de agua y le metiera un dedo antes, ¿lo beberías?” Alyan pregunta. “Mi suposición es que no. Así que ahora imagina lo que siento. Es repulsivo. Me vuelve loco. Estoy indefenso”.

El hombre al que se refiere Alyan es Lior Tal, un líder de los colonos que viene a este lugar al este de Battir desde su casa en el puesto de avanzada ilegal de Neve Ori, a un par de kilómetros de distancia, que se construyó hace menos de un año.

Alyan dice que vio por primera vez a Tal pastoreando ovejas en las tierras de Battir. “No tuve ningún problema con eso, siempre y cuando no destruya nada – ¿por qué debería importarme? Pero ahora ha ido más allá de eso. Llega, amarra sus ovejas al sol desde las 8 de la mañana hasta la noche, y no las pastorea. Sólo se queda allí. Es una provocación. La semana pasada, llamó a las puertas de los residentes de Battir y exigió que le presentaran los documentos de propiedad de la tierra”.

Khaled Muammar explica que la zona es estratégicamente importante para los asentamientos en la Ribera Occidental. “Quieren apoderarse de esta zona por tres razones: en primer lugar, por su elevación, ya que domina la región. En segundo lugar, separa a Battir de Al Walajeh; el asentamiento separaría a los dos pueblos palestinos. Y en tercer lugar, porque crea una continuidad geográfica entre el asentamiento israelí Har Homa y Jerusalén Ocupado”.

Dror Etkes, uno de los principales expertos de Israel en los asentamientos y jefe de Kerem Navot, una organización que supervisa e investiga la política de tierras de Israel en la Ribera Occidental, cree que la llegada de los colonos a Battir a finales de junio no es una coincidencia. “¿Por qué? Por el plan Trump”, explica. “Esta zona, según el plan, se supone que es territorio palestino. Quieren apoderarse de la zona ahora, antes de que el gobierno señale que va a aceptar el plan. Para crear hechos sobre el terreno”.

Esta no es la primera vez que los colonos han tratado de apoderarse de esta zona. En diciembre de 2018, cientos de colonos llegaron durante la noche con bulldozers y tractores, cavaron un camino de acceso a través de la montaña e intentaron establecer un puesto de avanzada. Fracasaron: llovió, los vehículos se atascaron, y por la mañana la Administración Civil de la Ocupación que gobierna a los 2,8 millones de palestinos en Cisjordania, los evacuó.

A Palestinian couple seen walking home along the railway tracks after a day of farming work, in the Palestinian village of Battir, West Bank, April 23, 2014. (Hadas Parush/Flash90)
Una pareja palestina caminando a casa por las vías del tren después de un día de trabajo agrícola, en la aldea palestina de Battir, Cisjordania.

“El intento en el 2018 fue bien financiado”, añade Etkes. “Todo se hizo muy profesionalmente, con vehículos pesados. Es una inversión de cientos de miles de shekels”.

Un ejército desinteresado


Cuando Alyan vio la tienda de Tal en su tierra, llamó a la policía israelí, que a su vez llamó al ejército.

“Unos pocos soldados llegaron rápidamente”, cuenta Muammar, que estaba con Alyan en ese momento. “Señalamos a Lior. Dijimos que estaba sentado aquí con sus perros y un arma. Explicamos que habían entrado en los olivares y los datileros, que estaban creando fricciones innecesarias que llevarían a alguien a salir herido. Les dijimos que esto es malo, que no queremos problemas”.

“Las primeras tres veces, uno de los soldados me dijo, ‘No hables con Lior. Ignóralo. Lo sacaremos”. Muammar continua. “Entonces el soldado fue a Lior y le dijo, ‘Estás en tierra privada palestina. Necesitas irte.’ Y eso es lo que pasó”.

“Pero las cosas cambiaron. Las dos últimas veces, vino un soldado diferente. Se sentó con Lior a un lado y le habló. Después me dijo que no podía estar aquí. Le dije: ‘¿Qué quieres decir? Esta es mi tierra, aquí están los documentos.’ Pero no me escuchó. Dijo que Lior puede estar aquí y si hay un problema, tengo que ir a la Administración Civil en Gush Etzion y probar que soy el dueño.

Cuando Tal y su pandilla llegaron de nuevo el 25 de julio, los habitantes de Battir decidieron no llamar al ejército. “Nos dimos cuenta de que no harían nada. No tiene sentido.”

An aerial map showing the area around the Palestinian village of Battir that Israel has declared state land. (Kerem Navot)
Vista aérea que muestra la zona alrededor de la aldea palestina de Battir que Israel ha declarado tierra estatal

Confiscaciones anuales


No hay nada de coincidencia en la decisión de los colonos de construir su campamento en la tierra de Alyan. En 1982, Israel declaró su propiedad, junto con una parte sustancial de la tierra de la zona, “tierra estatal”, utilizando el Código de Tierras Otomano, un mecanismo legal del siglo XIX adoptado por Israel que le da autoridad para convertir tierras agrícolas no cultivadas en tierras estatales.

Desde que comenzó la Ocupación en 1967, Israel utilizó el Código para incautar cientos de miles de hectáreas de tierra; el 99,76 por ciento de la tierra estatal de los Territorios Ocupados se ha asignado a asentamientos israelíes, mientras que un minúsculo 0,24 por ciento se ha asignado para uso palestino.

Alyan explica que no cultivó sus tierras durante un breve período porque las había utilizado para cultivar tabaco y quería dejarlas descansar antes de cultivar otros productos. “Cuando volví a trabajar en mi tierra, un representante de la Administración Civil vino y me dijo que estaba en tierras del Estado. Me pidió que desalojara el local y repartió multas a mis empleados. La Administración Civil ni siquiera me informó de que habían expropiado la tierra”.

Alyan continúa: “es una buena tierra. Ha pertenecido a mi familia durante generaciones, con una escritura de propiedad. Quiero plantar en ella, pero para trabajar la tierra necesito tractores para arar. Trajimos un tractor y lo usamos durante tres o cuatro horas. Luego vino la Administración Civil y nos dijo que esto estaba prohibido porque estábamos en tierras del Estado. Confiscaron el tractor. Todos los años tratamos de trabajar la tierra y ellos vienen y nos confiscan”.

View of the Palestinian village of Battir, with the ancient terraces, West Bank, September 22, 2016. (Hadas Parush/Flash90)
Vista del Valle de Battir


El puesto de avanzada de Tal, Neve Ori, fue construido sin permiso a sólo cinco minutos en coche de Battir. Adolescentes de todo Israel vienen como voluntarios al puesto, donde “trabajan, sudan y absorben muchos valores”, según el sitio web de Neve Ori. También se invita a las familias “a divertirse con sus hijos y a participar en la presencia judía en la montaña y en la protección de la tierra”. Incluso hay un zoológico.

Llamé a Tal para preguntarle por qué está invadiendo la tierra de Battir. Insistió en que sus acciones se están llevando a cabo “legalmente” en la tierra que el Estado “recuperó”, afirmando que “los palestinos me robaron la tierra”.

Cuando le preguntaron por qué vino a Battir, dado que está a 3 km de su puesto, Tal respondió: “Mi granja está en un terreno que pertenece al Fondo Nacional Judío y está rodeada de terrenos privados con olivares. La tierra de Battir es la única de la zona de la que nadie puede reclamar la propiedad.”

Tal es evidente en su antagonismo hacia los palestinos de Battir. “Quiero que todo Battir se vaya al infierno. El Estado de Israel pertenece al pueblo judío”, dice. “No tengo ningún problema con que los palestinos se queden si aceptan las Siete Leyes de Noé -un conjunto de prohibiciones que los judíos ortodoxos creen que son vinculantes para todos -o si quieren convertirse”.

Es fácil inculpar a Tal como un fanático religioso. Pero la esencia de sus palabras – el deseo de maximizar el asentamiento judío a expensas de los palestinos – siempre ha definido el ala izquierda del movimiento sionista, también. Esto incluye el partido Meretz, que tiene representantes en el Fondo Nacional Judío – la misma organización en cuyas tierras Tal construyó su puesto de avanzada.

Cuando se estableció Neve Ori en 2019, la Administración Civil afirmó que las estructuras de los asentamientos “fueron erigidas ilegalmente y sin un permiso apropiado y por lo tanto serán evacuadas”.

Ha pasado casi un año desde entonces, y el puesto de avanzada sigue en pie. El martes, un portavoz de la Administración Civil dijo que “la ejecución in situ se llevará a cabo de acuerdo con las autoridades y procedimientos y con sujeción a las prioridades de la Administración”.

Según la ONG Kerem Navot, en los últimos cinco años los colonos han establecido 37 nuevos puestos de avanzada israelíes en la Ribera Occidental. El proceso en estos puestos avanzados es muy similar: una familia se establece en “tierras del Estado” y comienza a construir estructuras sin permisos, y esas estructuras siguen siendo “ilegales” hasta que el Estado las aprueba retroactivamente.

Sixty-year-old Mariam Bader seen watering her crop on the ancient terraces of the Palestinian village of Battir, overlooking the Israel Railway tracks crossing the village farm land, West Bank, April 7, 2014. (Hadas Parush/Flash90)

Mariam Bader, de 60 años de edad, vista regando su cosecha en las antiguas terrazas de la aldea palestina de Battir, con vistas a las vías férreas de Israel que atraviesan las tierras agrícolas de la
localidad palestina


El puesto más reciente se estableció hace sólo una semana, al este de la ciudad palestina de Yatta, cerca de Hebrón, también en tierra que según el plan de Trump se supone que está en el lado palestino. “El momento y el lugar no son una coincidencia”, dice Etkes de Kerem Navot.

El espacio se está agotando


Vivien Sansour, una activista ecológica palestina, nació en la ciudad de Beit Jala, en la Ribera Occidental, una zona llena de terrazas antiguas, manantiales, viñedos, olivares y también el lugar elegido por los colonos israelíes para establecer el puesto avanzado de Tal.

Explorar los alrededores de Beit Jala “moldeó” a Sansour cuando era niña, dice. Pero Tal ha cambiado las cosas. “Desde que se estableció el puesto de avanzada el año pasado, ya no me siento cómoda acercándome”, dice. “Un hombre armado está allí constantemente. No me siento segura como mujer, y ciertamente no como mujer palestina”.

El puesto de avanzada, añade Sansour, también es perjudicial para el medio ambiente. “Hay un enorme y feo corral de plástico negro para animales que no encaja con la forma tradicional palestina de construir en una montaña, la que se basa en materiales naturales. El puesto de avanzada ha atravesado una contigüidad geográfica que ha existido durante siglos. Solíamos caminar aquí de colina en colina a pie, por senderos, y luego se detuvo. Esto daña el medio ambiente, la ecología y, por supuesto, a los seres humanos”.

Sansour maneja un banco de semillas en Battir. “La cultura ecológica palestina está siendo destruida. Al salvar estas semillas, estoy salvando lo que soy, mi cultura, y recordando a las siguientes generaciones que somos valiosos”, dice.

“La tierra tomada por este colono es la última estación de Battir para respirar”, continúa Sansour. “La gente se ve obligada a emigrar a Belén porque no nos permiten construir aquí.”

Battir está rodeada por la Zona C, bajo pleno control militar israelí, y donde rara vez se conceden permisos de construcción a los palestinos. La Administración Civil rechaza el 98,6 por ciento de las solicitudes de permisos en estas zonas, y destruye lo que los palestinos construyen por iniciativa propia.

“La gente está hacinada en ciudades donde el espacio se está acabando”, dice Sansour. “De día en día, las ciudades palestinas se están convirtiendo en guetos, en campos de refugiados de hormigón. Es imposible cultivar alimentos en el hormigón. De una sociedad agrícola rica, dependemos cada vez más de las empresas israelíes para alimentarnos”.

Fuente: 972 Magazine