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Actualidad / Opiniones

Soy un adolescente judío que apoya la Causa Palestina

24/05/2018


Mis líderes judíos me habían dicho que Israel era del tamaño de Nueva Jersey y que podía flotar en el Mar Muerto, pero no que millones de palestinos vivían bajo ocupación militar por una de las fuerzas armadas más avanzadas del mundo.


Mi parte favorita de la escuela Hebrea fue cuando hablábamos sobre tikkun olam, que quiere decir, reparar el mundo. Al entrar a mi sinagoga, siempre pensaba qué hacer, y mi día favorito del año era el Mitzvá (que significa mandamiento o más coloquialmente, buena acción). Pensaba: me gustaría tejer sombreros para niños necesitados, pintar macetas para pacientes con cáncer o apilar los estantes de nuestra despensa de alimentos local. A los ocho años decidí que quería comenzar mi propia iniciativa que se trataba de recoger artículos de aseo para las mujeres maltratadas y sin hogar en el refugio Rosie's Place, Boston. Cada año me quedaría en mi mesa, con un enorme letrero aludiendo a Rosie's Place, y luego mis padres y yo llevaríamos las donaciones y las entregaríamos personalmente. Para mí, esto es lo que significa ser judío: hacer nuestra parte para sanar el mundo.

Pero para los adultos en mi vida, ser judío en Estados Unidos también significa apoyar a Israel sin cuestionar ni criticar. Esa idea "perforó mi cerebro", como dijo mi profesor de la escuela hebrea, y los líderes sionistas de antaño lo celebraban. Me asignaron proyecto tras proyecto en ciudades israelíes sobre proyectos tecnológicos, y celebramos el Día de Israel con barro del Mar Muerto y falafel.

Una vez que llegué a la universidad, me di cuenta de que cierta información había sido omitida. Con la nueva información que me entregaron mis compañeros y los mismos estudios académicos, comencé a cuestionar toda la narrativa que me habían enseñado en mi burbuja de la escuela Hebrea y aprendí sobre las terribles verdades de la vida bajo ocupación del pueblo palestino. Comencé a ver una realidad en la relación israelí-palestina que iba en contra de los valores judíos de justicia y liberación que me habían enseñado, principalmente aquel en el que el gobierno israelí roba a los palestinos algunos de sus derechos humanos más básicos. Me sentí traicionado por la comunidad que más amaba y en la que más confiaba.

Mis líderes judíos me habían dicho que Israel era del tamaño de Nueva Jersey y que podía flotar en el Mar Muerto, pero no que millones de palestinos vivían bajo ocupación militar por una de las fuerzas armadas más avanzadas del mundo. No me contaron sobre los puestos de control ni arrestos, ni tampoco sobre las demoliciones de casas que castigan a familias por los crímenes de familiares o la escasez de electricidad y agua que se vive en Gaza gracias a la cortesía de las bombas israelíes, que son una supuesta represalia a los ataques con cohetes pero que a menudo terminan causando una cantidad desproporcionada de destrucción y muertos.

Mientras estaba descubriendo toda la violencia y lo que muchos consideran abusos contra los derechos humanos que me habían sido ocultados por tanto tiempo, tuve que tomar una decisión que muchos jóvenes judíos están haciendo todos los días en este momento: ¿Dejamos que el dolor y el sufrimiento de los palestinos continúan en nuestro nombre, o luchamos para terminar con el apoyo de nuestra comunidad a la ocupación, respaldando nuestros valores de libertad y dignidad para todos?

Cuando escuché que Estados Unidos iba a trasladar su embajada de Tel Aviv a Jerusalén -lo que erosionaría la posibilidad de que tanto palestinos como israelíes tuvieran autodeterminación sobre Tierra Santa y vivieran en armonía- me aterrorizó. Pero no porque el Presidente Donald Trump haya tomado una decisión que rompió con años de precedentes y haya socavado el potencial para la humanidad, la paz y la autodeterminación en la región.

Estaba aterrorizado porque sentí que mi comunidad judía me falló, negándome a respaldar nuestros valores y celebrando algo que desmoralizaría a todo un pueblo. Cuando más importaba, cuando la decisión más anti-paz en décadas fue promulgada por el propio Presidente Donald Trump, mi comunidad volvió a fallarme.

Muchos en la comunidad judía estadounidense no han podido condenar la más reciente demostración de violencia cometida por el ejército israelí, que dejó al menos 60 muertos. Me imagino que este movimiento de la embajada solo causará más dolor y sufrimiento. Al permanecer en silencio sobre las atrocidades en Gaza, muchos en la comunidad judía estadounidense han traicionado a jóvenes judíos como yo al no defender la vida humana. Estamos enojados, tenemos miedo y nos sentimos solos. El judaísmo que conozco, que amo, que me ha guiado a lo largo de mi vida parece desmoronarse ante mis ojos. Cuando muchos en el establecimiento judío estadounidense continúan sin defender nuestros valores de libertad y justicia, corren el riesgo de perder la misma estructura que mantiene unida a la diáspora judía estadounidense. Se arriesgan a perdernos.

Pero me niego a perder la esperanza, porque hay un movimiento completo de jóvenes detrás de mí que comparten mi visión del judaísmo y del mundo. Hay toda una generación de jóvenes emergentes que no defenderán la ocupación, que lucharán por la autodeterminación de israelíes y palestinos por igual hasta que la ganemos. En IfNotNow, una vez más he encontrado mis canciones, mi espiritualidad, mi comunidad que quiere reparar el mundo. No he perdido mi judaísmo; más bien, se ha reavivado. Puedo estar asustado. Puedo estar enojado. Pero ciertamente no estoy solo. A raíz de la violencia y las muertes en Gaza, esto me da una pequeña pizca de esperanza. Me da el coraje de seguir luchando, de actuar, de reparar el mundo en este momento.

No voy a olvidarme del niño que una vez fui, parado detrás del letrero de Rosie's Place, recogiendo cepillos de dientes y champú para mujeres sin hogar porque creían en un mundo mejor. Todavía soy ese niño, ahora soy un poco mayor, y elegí luchar y luchar contra la ocupación. Y todos los días, he mantenido la esperanza de que las instituciones judías finalmente vean que nuestra comunidad nos exige que defendamos la libertad y la dignidad para todos.

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Fuente: Teen Vogue

Traducido por Federación Palestina / JKB