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"Yo vi crecer a Ahed Tamimi y sé por qué está defendiendo su hogar" Columna de Mariam Barghouti

06 00:00:00/01/2018


Las imágenes de tres mujeres, Ahed Tamimi, su madre Nariman y su prima Nour, se han extendido a través de los medios tras su detención por las fuerzas militares israelíes, luego de que los medios de comunicación israelíes lanzaran un video donde gritaban y golpeaban a los soldados.

Las mujeres no son sólo desafiantes resistentes como las quieren hacer ver. Sus acciones y reacciones son un reflejo de lo que hacen años de humillación y degradación a una familia y a una población entera.

Ahed, ahora de 16 años, una vez fue la chica tímida que apenas susurraba cada vez que se le hacían preguntas. Su voz era dulce y de una vulnerabilidad que te hace andar con cuidado y amabilidad. Ella era la niña del pueblo de Nabi Saleh, cuyo cabello no podía ser domesticado. Sin embargo, su grosor y volumen no la han protegido de los horrores que estallan a su alrededor.

Recuerdo la primera vez que fui a Nabi Saleh para la manifestación semanal contra la expansión de los asentamientos. Era un día de verano con el sol ardiendo sin piedad sobre nosotros. Mi polera estaba empapada de sudor y mis pulmones ardían por los gases lacrimógenos. También fue la primera vez que conocí a Nariman Tamimi.

Nariman es madre de cuatro hijos, pero también una mujer que asimiló todo lo que ingresó a su hogar.

En ese momento, ninguno de nosotros se conocía o sabía que estaríamos unidos por la tragedia. Sin embargo, cuando los soldados trataron de detenernos a mí y a mi prima más joven, Nariman rápidamente saltó sin ninguna vacilación.

Sus manos temblaban mientras se aferraba a una cámara de video en un intento indefenso de documentar posibles violaciones por parte del ejército. A pesar de su claro nerviosismo, alzó la voz y gritó a los soldados completamente armados: "¡Estas son mis hijas, no se las llevarán!"

En ese momento, mis rodillas se quebraron y mi corazón palpitó por el temor de ser arrestada. Pero luego me invadió una sensación de calma. Esta joven, que no tenía idea de mi nombre, arriesgó su vida para garantizar mi seguridad.

Debajo de toda la fuerza y la resistencia, el rugido de Nariman es una pequeña parte de ella. Es una mujer que sostiene sus cicatrices con fuerza y pinta un mundo de sueños donde ella es simplemente una mujer palestina.

Había momentos en que se sentaba en el balcón de su casa en Nabi Saleh mientras tomábamos té e imaginábamos un mundo diferente. De alguna manera, siempre fue uno en el que nunca nos conocimos, porque no era necesario. No tuvimos que protestar ni luchar por nuestro derecho a la seguridad, simplemente vivimos las banalidades de la vida. Construiríamos un lienzo de realidades coloridas, pero siempre eran masacradas con recuerdos de angustia, dolor y violencia.

La voz de Nariman se quebraba al recordar las historias de su hermano Rushdie Tamimi, quien dio su último aliento en sus brazos después de que las fuerzas militares israelíes le dispararon. Su asesinato se produjo apenas un año después de que su primo Mustafa Tamimi quedara en un charco de sangre después de ser blanco de un soldado israelí.

"Los que viven", me decía, "no están realmente vivos". Ella continuaba recordando cómo su esposo fue encarcelado, cómo le contaría a sus hijos historias de su fortaleza porque no podía darse el lujo de romperse frente a ellos.

Recuerdo cuando ella corrió a abrazar a su marido Bassem después de ser liberado de prisión. A este momento de alegría le siguió el encarcelamiento de su hijo mayor, Waed. Con sus hijos jugando a lo lejos, intentamos recordar los nombres de las docenas de personas que amaba y que fueron detenidas, torturadas, heridas o asesinadas. Casi siempre olvidamos a alguien.

Mientras que Nariman sobrelleva el peso de estas experiencias, sus hijos han estado tratando silenciosamente de darle sentido a todo. Es el mismo destino para la mayoría de los niños palestinos.

Ahed, que tenía apenas nueve años cuando comenzaron las protestas, también fue testigo de todas las injusticias cometidas por las fuerzas militares israelíes. La niña de voz tímida se dio cuenta a una edad temprana de que no podía permitirse el lujo de permanecer callada, que los susurros son un lujo otorgado para aquellos que no tienen que defender sus hogares de las incursiones diarias, de la anexión de tierras o del encarcelamiento.

Hace unos años, cuando las fuerzas militares israelíes intentaron arrestar a su hermano, Ahed se convirtió en un faro de esperanza y resistencia en la aldea. Su escuálido cuerpo lleno de furia, sostuvo un puño frente a los soldados israelíes mientras sostenían sus armas.

Mientras que Nariman y Ahed ayudaron a muchos a salvarse de un posible arresto, no pudieron salvarse a sí mismas. La realidad del encarcelamiento es inevitable para los palestinos que son activos contra la ocupación israelí.

A pesar de ser un adolescente, Ahed está siendo juzgada en un tribunal militar israelí con una tasa de condenas del 99,7%. Desde 2012, el ejército israelí ha mantenido un promedio de 204 niños palestinos bajo custodia cada mes, y más de las tres cuartas partes de ellos sufren algún tipo de violencia física luego de su arresto.

El crimen del que se acusa a los Tamimi gira en torno a la incitación y el asalto. Lo que el tribunal israelí no puede entender, y se niega a reconocer, es el hecho de que la presencia de los soldados en la casa de los Tamimi era injusta y parte de una ocupación ilegal.

Para aumentar el enojo, sólo unos momentos antes de que Ahed y su prima Nour fueran grabadas en video gritando al ejército, los mismos soldados allanaron su casa y le dispararon a su primo, Mohammad Fadel Tamimi, de 14 años, en la cabeza. Ahora está en cuidados intensivos, según medios palestinos y grupos de derechos humanos.

Todos en esa familia han sido arrestados, aparte de los dos niños más jóvenes, Mohammad, de 14 años, y Salam, de 12. La triste realidad es que si estas injusticias continúan, un día tendremos que pedir su liberación también.

Nariman una vez me dijo "este lugar, es un lugar de infancias asesinadas". Con su voz llena de amor y ternura, continuó: "Tal vez tus hijos realmente tengan una oportunidad".

Fuente: Newsweek
Autora: Mariam Barghouti, comentarista y escritora palestina.
Traducido por Federación Palestina de Chile