Opinión: en la conmemoración del Holocausto, vayan a Gaza y griten “nunca más”

Es muy importante recordar el pasado; no menos importante es conocer el presente sin cerrar los ojos. Las docenas de estadistas que llegaron ayer a Israel pueden recordar el pasado, pero están desdibujando el presente. En su silencio, en su desprecio de la realidad mientras se alinean incondicionalmente al lado de Israel, no sólo traicionan sus papeles, sino que también traicionan la memoria del pasado en nombre del cual vinieron aquí.

Ser los invitados de Israel sin mencionar sus crímenes; conmemorar el Holocausto mientras se ignoran sus lecciones; visitar Jerusalén, sin viajar al gueto de Gaza en el Día Internacional de la Recordación del Holocausto -apenas se puede pensar en una hipocresía mayor.

Es bueno que los reyes, los presidentes y otras personalidades hayan venido aquí en honor de este día de conmemoración. Es deplorable que ignoren lo que las víctimas del Holocausto están infligiendo a otra nación.

La ciudad de Ereván nunca será testigo de una reunión tan impresionante para conmemorar el holocausto armenio. Los líderes mundiales nunca vendrán a Kigali para conmemorar el genocidio que ocurrió en Ruanda.

El Holocausto fue, en efecto, el mayor crimen contra la humanidad de todos los tiempos, pero no fue el único. Sin embargo, los judíos y el Estado de Israel saben muy bien cómo santificar su memoria y cómo utilizarla para sus propios fines.

En este Día Internacional de la Recordación del Holocausto, los líderes mundiales son los invitados de un primer ministro israelí que, en la víspera de su visita, pidió sanciones -créalo o no- a la Corte Penal Internacional de La Haya, que es un legado de los tribunales que se crearon para juzgar los crímenes de la Segunda Guerra Mundial.

En este Día de la Recordación, los líderes mundiales se acercan a un primer ministro que intenta incitarlos contra la Corte de La Haya. Es difícil pensar en un uso más descarado del Holocausto, es difícil concebir una traición mayor a su memoria que el intento de socavar el tribunal de La Haya sólo porque desea cumplir su papel e investigar Jerusalén.

Los invitados también guardarán silencio sobre este tema. Algunos de ellos pueden estar convencidos de que el problema está en La Haya, no en Jerusalén Ocupado. Sanciones sobre la corte en vez de sobre el estado de ocupación.

Uno nunca debe olvidar el Holocausto, obviamente. Tampoco hay que desdibujar el hecho de que fue dirigido contra el pueblo judío. Pero precisamente por eso no hay que ignorar la conducta de sus víctimas hacia las víctimas secundarias del Holocausto de los judíos, el pueblo palestino.

Sin el Holocausto no habrían perdido sus tierras, y no estarían encarcelados hoy en un gigantesco campo de concentración en Gaza o viviendo bajo una brutal ocupación militar en Cisjordania.

Es difícil de creer que no se le haya ocurrido a ningún líder mundial que haya venido a Jerusalén para viajar a Gaza después de la ceremonia. Si uno de ellos tuviera el coraje de hacerlo, estaría honrando la memoria del Holocausto nada menos que visitando Yad Vashem. No hay muchos lugares en el mundo donde las palabras “nunca más” deberían resonar tanto como dentro de los confines de este enorme gueto, creado por el estado de los sobrevivientes del Holocausto. ¿No ir a Gaza y ver lo que está pasando allí? ¿No identificarse con el destino de dos millones de seres humanos que han estado encerrados en un campo de concentración durante 14 años, a una hora de distancia de Jerusalén? ¿Cómo es posible? ¿No gritar “nunca más” en Gaza? ¿Cómo no pueden hacerlo?

Unos pocos líderes equilibraron ostensiblemente su visita aquí con una breve y ceremonial visita a Ramala, incluyendo una sesión de fotos con Mahmoud Abbas, quien también es un blanco de las protestas de Israel. Este tipo de visita no tiene ningún significado. Ramala no determina el destino del pueblo palestino. Se determina en el recinto del gobierno en Jerusalén Ocupado y en el recinto de la defensa de la élite dominante en Tel Aviv . Era necesario venir a Israel hoy para recordar al mundo el Holocausto, pero también el silencio. Contra este silencio también hay que gritar: Nunca más.

Puede que el Holocausto no se repita nunca, pero el silencio embarazoso continúa, incluso en este día de conmemoración en Jerusalén.

Por: Gideon Levy

Fuente: Haaretz