Opinión: El “acuerdo del siglo” de Trump niega la existencia de Palestina

Comúnmente por un acuerdo se entiende una decisión que fue tomada en común por las distintas partes, actores, entidades, países o asociaciones. Sería por tanto la expresión de voluntades que determinan una serie de normas o acciones a respetar y ejecutar por las partes para el beneficio mutuo.

Así, lo que se ha denominado el “Acuerdo del Siglo” que presentó ayer el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, carece de lo esencial. Anunciar un “acuerdo” sin la presencia de los palestinos, resulta ser una imposición que pretende no solo invisibilizarlos, sino que además negar la existencia histórica, política y jurídica de Palestina.

Ello no es nuevo, ya en 1947 cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas decidió partir el territorio de la Palestina Histórica, lo hizo sin consultar a los palestinos. Lo mismo sucedió al comienzo del proceso de negociaciones con Israel, en que la delegación palestina estaba representada por los jordanos o en la decisión del mismo Trump de trasladar la embajada de su país a la ciudad de Jerusalén. En ningún caso los palestinos son consultados, ni menos lo han hecho para expulsarlos de su propia tierra.

Que los palestinos no sean sujetos de representación, obedece a la lógica de lo que el intelectual estadounidense-palestino, Edward Said, llama “Orientalismo”. Un discurso de mirar al otro como incapaz de gobernarse, de no poder tomar decisiones autónomas por sí mismos, como bárbaros mirados desde el Occidente civilizado, o infantes frente al resto de la Comunidad Internacional, ante la cual Palestina lleva años demandando su reconocimiento.

Es que la Comunidad Internacional nada ha hecho para poner fin a la ocupación militar israelí y la colonización del territorio palestino, a pesar de lo refrendado por el Derecho Internacional y las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Así, el “Acuerdo del Siglo” aparece como una nueva fórmula que busca proteger, promover y legitimar las acciones ilegales israelíes que día a día están alterando la composición demográfica, el carácter y el estatuto del Territorio Palestino Ocupado.

Es que el “Acuerdo del Siglo” de Trump no busca más que consolidar su política de respaldo a Israel. Comenzó su mandato con el anuncio del traslado de su embajada a Jerusalén, reconociéndola como la capital de Israel, continuó luego cerrando la oficina en Washington de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), y el reconocimiento a las Alturas del Golán, pertenecientes a Siria como territorio israelí, para acto seguido eliminar los fondos para la Agencia de la ONU para los refugiados palestinos (UNRWA) y anunciar, en noviembre pasado, que ya no considera como ilegales los asentamientos israelíes en el territorio ocupado de Cisjordania.

De ese modo, Trump allanó el terreno y sacó de la mesa todos los temas que la Comunidad Internacional reconoce como esenciales ante una eventual solución a la problemática israelí-palestina; a saber, el estatus de Jerusalén, la presencia de 6 millones de refugiados palestinos y los asentamientos israelíes en Territorio Palestino Ocupado.

Ante ello, la lectura desde Palestina es que este es un paso más en la larga lista de agresiones que ha tenido la administración Trump contra su pueblo, a fin de liquidar sus derechos y socavar su presencia material en su tierra, transformando una ocupación temporal en permanente, puesto que valida la anexión de los Territorios Ocupados Palestinos, incluida Jerusalén Oriental, con acciones como la construcción y expansión de los asentamientos, el traslado de colonos israelíes, la confiscación de tierras, la demolición de viviendas y el desplazamiento de civiles palestinos, en total contravención a lo establecido por la Legislación Internacional.

Es un intento más desde las grandes potencias para dibujar los mapas de Medio Oriente causando catastróficas consecuencias. Ya lo fue en Syket-Picot[1] en 1916 y la declaración Balfour de 1917 cuando Gran Bretaña promete “la creación de un Hogar Nacional Judío en Palestina” al Movimiento Sionista, dando así a un pueblo a quien no le correspondía, algo que no le pertenecía. Nada diferente a lo que podríamos llamar la “declaración Trump”, en que entrega algo que no le pertenece a un tercero que tampoco es dueño.

El anuncio no es más que un apoyo de la administración Trump a Netanyahu, justo durante la semana en que el Parlamento de Israel (Kneset) aborda su inmunidad tras estar imputado en graves casos de corrupción, y de cara además a la tercera elección israelí en menos de un año del mandatario, quien no ha logrado formar gobierno.

Cualquier acuerdo de paz, debe darse en plena concordancia a lo establecido por el Derecho Internacional y a los elementos históricos, debiendo por tanto considerar el fin de la ocupación militar, la igualdad de derechos a la población palestina y el retorno de los refugiados palestinos expulsados desde 1948. Hacerlo de otra manera, como ha sido descrito el “Acuerdo del Siglo”, constituye un quiebre sin precedentes a los pilares fundacionales de nuestra Sociedad amparada en la Carta de las Naciones Unidas.

[1] Acuerdo Secreto entre Gran Bretaña y Francia cuyo objetivo era repartirse Oriente Medio en Áreas de influencia.

Por: Anuar Majluf, Abogado y Director Ejecutivo Comunidad Palestina de Chile

Fuente: La Tercera